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El voto de los excluidos en México no llegará a las urnas

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Asela Viar
México, 29 jun (EFE).- En el proceso electoral de México existen poblaciones que no forman parte del padrón electoral, entre ellas personas de la calle que por diferentes motivos no cuentan con documentos de identidad, ni domicilio fijo y no pueden participar.
“No puedo votar porque no tengo credencial electoral ni la documentación necesaria para obtenerla (…). Si pudiera votaría por alguien que nos dé garantías de que va a defender los derechos de la gente marginada”, afirmó a Efe Jonathan Sandival, joven de la calle.
A sus 32 años, y después de llevar desde los 11 años viviendo en
la vía pública, no ha podido volver al Estado de Sonora, su lugar de origen, para obtener su acta de nacimiento, documento imprescindible para obtener la credencial de elector necesaria para votar.
Su caso es uno de los que aparecen en el vídeo #Yonovoto realizado por la Asociación Civil El Caracol, en el que muestran el interés por participar en el proceso democrático de las personas que habitan en la calle, un colectivo que según cifras oficiales alcanzan los 4.000 ciudadanos solamente en la capital del país.
Tras exigir que se respete su derecho a participar, los protagonistas del vídeo explican cuáles son sus principales preocupaciones, entre las que destacan las “transas (actos de corrupción) de la policía”, que los políticos “no cumplan las propuestas” o la inseguridad en las calles.
En la casa de día para personas sin hogar de El Caracol, en la delegación Gustavo A. Madero de la capital mexicana, Jonathan, bajo la atenta mirada de otros compañeros de la calle, explicó por qué considera necesario participar en las elecciones.
“Los políticos tienen que saber que todos somos iguales, que nosotros no somos diferentes a los senadores, a los diputados, que tenemos los mismos derechos que ellos, exigimos derechos como la educación, salud, vivienda y respeto”, dijo este joven.
En las oficinas contiguas de la Asociación El Caracol, su director, Luis E. Hernández, precisó a Efe que según las estadísticas hechas a pie de calle, más de la mitad de la población sin hogar no tiene documentos de identidad ni, por ende, credencial de elector que les permita votar en los comicios del domingo.
“Tener documentos en la calle es muy difícil, muchos no tienen acta de nacimiento, otros por muchas razones no se acuerdan de su nombre real. Tenemos el caso de un joven que tardó años en obtenerla porque tenía invertidos sus apellidos sin saberlo”, explicó.
Además de la falta de documentación, Hernández denunció la “discriminación institucionalizada” que se vive en las oficinas gubernamentales, donde en algunos casos “no les dejan ni siquiera acceder por su aspecto, les regañan por vivir en la calle y les niegan información sobre los trámites y documentos”.
A nivel nacional no existen datos de cuanta gente se encuentra en esta situación, algo que se suma a la “guerra de cifras” que según Hernández existe en torno a esta materia desde que en 1995 Unicef realizara un censo de niños de la calle y calculase que había 14.470 menores de edad en esa situación en el DF, con la previsión de que esta cifra se incrementaría en un 6 % cada año.
“Actualmente estamos hablando de 4.014 personas, un número de por sí alto, sin embargo, si lo contrastamos con las cifras de Unicef los datos son muy dispares. Las cuentas no nos salen, los datos terminan siendo poco reales”, agregó Hernández.
Esta falta de apoyo para hacer visibles a las poblaciones callejeras, permitir que participen en la vida pública y se integren de nuevo en la sociedad a través de la participación política consolida “una discriminación institucional” por la cual “no importa si no saben cuantos son y no importa si no votan”.
“Igual que hay campañas para adultos mayores, para mujeres o para estudiantes, esta población, perfectamente conocida por todos los políticos, es ignorada en los discursos y las promesas de los candidatos convocatoria tras convocatoria”, indicó.
Además, señaló que la falta de asistencia y ayuda institucional para terminar con el “desamparo” legal en el que viven vulnera numerosos derechos básicos, entre ellos el derecho a la ciudadanía, a la identidad, o derechos políticos como el acceso al voto.
“Ellos quieren participar. Los chicos están interesados, porque tal es la vorágine mediática que tienen un partido, tienen un candidato, tienen interés en su ciudad y en el país, les preocupa la inseguridad, e incluso que se cumplan las promesas, aunque no se las hagan a ellos”, expresó Hernández.

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