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Opinión

De política y cosas peores

Publicado

en

POR CATÓN.

En el Motel Kamagua una pareja se estaba refocilando carnalmente.

Bajo el influjo de la pasión sensual él profería con arrebato palabras de libídine: “¡Mamacita!…

¡Qué buena estás, preciosa!…

¡Cosas ricas!…”.

Ella, en cambio, permanecía muda como una esfínter.

(Nota de la Redacción: Seguramente nuestro amable colaborador quiso decir “como una esfinge”).

Terminado el ignífero trance el ahíto galán le preguntó a la silenciosa chica, que seguía callada: “¿Por qué no dijiste nada en el curso del acto del amor, y por qué mantienes tu silencio?”.

Respondió la muchacha: “Porque mi mamá me tiene prohibido hablar con extraños”… Pirulina, muchacha pizpireta, se estaba confesando con el Padre Arsilio.

“Me acuso –le dijo- de que he caído en tentaciones de la carne”.

“¿Cuántas veces?” –le preguntó el buen sacerdote.

“Padre –replicó ella con molestia-, el pecado para usted; las estadísticas para el Inegi”… (En otra ocasión Pirulina confesó haber estado con diferentes hombres.

El confesor le hizo la misma pregunta: “¿Cuántas veces?”.

La muchacha no respondió.

Después de un largo silencio le dijo, impaciente, el sacerdote: “Estoy esperando”.

Pirulina replicó: “Y yo estoy contando”)… Susiflor le comentó a Rosibel: “En esta semana he salido con tres muchachos, y he tenido que usar todas mis fuerzas para preservar mi virtud”.

“Le preguntó Rosibel: “¿Y has logrado preservarla?”.

“Sí –respondió Susiflor-.

Tendré que buscarme otros más fuertes”… Al terminar el concúbito matrimonial la esposa de Babalucas le dijo llena de inquietud: “Se me olvidó tomar la píldora”.

“No te preocupes –la tranquilizó el badulaque-.

Yo me la tomé por ti”… Un empleado bancario relató en el bar: “La secretaria del jefe ha hecho el amor con todo el personal del banco: el director, el gerente, el subgerente, el contador, el auditor, el archivista, el office boy… Con el único que no ha follado es con el cajero”.

Preguntó uno: “¿Por qué con el cajero no?”.

Responde el otro: “Es cajero automático”… La mujer de la Edad de Piedra le dio un garrotazo en la cabeza al troglodita, y estirándolo por los cabellos lo llevó arrastrando hasta su cueva.

Le comentó a una amiga: “Los hombres son tan tontos que a veces debe una tomar la iniciativa”… Don Cornulio, pesaroso, le contó a un amigo: “Llegué ayer a mi casa antes de la hora acostumbrada, y sorprendí a mi esposa en la cama con un norteamericano”.

“¡Qué barbaridad! –se consternó el amigo-.

Y ¿qué hiciste?”.

“Tuve qué contenerme –respondió don Cornulio-.

En primer lugar no sé inglés, y en segundo no quise provocar un incidente internacional”… Sigue ahora un comentario de política… El obispo, irritado, le preguntó al cura párroco del pueblo por qué no habían repicado las campanas de la iglesia cuando entró él a la población.

“Por 10 razones, Su Excelencia –respondió con mucha pena el padrecito-.

La primera, porque no hay campanas”.

“Ahórrese las otras nueve” –suspiró el dignatario.

Si no hay voluntad política en todas las partes el Pacto por México fracasará, independientemente de cualquier otra causa que pudiera estorbar su aplicación.

Tanto en el PAN como en el PRD suenan las voces discordantes de quienes buscan que ese acuerdo no prospere.

Los dirigentes de ambos partidos son tachados de colaboracionistas; se les acusa de haberle extendido un cheque en blanco a Peña Nieto.

De nueva cuenta los mezquinos intereses partidistas amenazan la vigencia de un documento que contempla acciones de bien para el país.

Insisto en su defensa porque me apena ver a un México que a pesar de los nuevos tiempos tiene anclajes aún en el pasado, y necesita con urgencia cambios que lo proyecten al futuro.

El Pacto es la base para esas reformas, impostergables ya.

Atacarlo es atacar el porvenir… Voy a dar paso a un chascarrillo final, pero antes apuntaré la última frase de esta larga perorata para usarla en algún concurso de oratoria… El chango o mono del circo le dijo a la changuita: “El encargado de los animales se equivocó, y en vez de llevarme con el veterinario de los monos me llevó con el veterinario de los elefantes”.

Le preguntó la changuita: “¿Cómo supiste que era el veterinario de los elefantes?”.

Responde con dolorido acento el mico: “Por el tamaño del termómetro rectal”… FIN

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