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Opinión

QUERÉTARO INÉDITO (EL ZAR DEL ESPECTÁCULO)

Publicado

en

POR: DAVID RAFAEL ESTRADA CORREA.

Uno de los muchos hombres que, sin ser queretano, contribuyó en gran medida al crecimiento de nuestro estado lo fue, sin lugar a dudas, don Luis R. Montes (1911-1956), dueño de el Circuito Montes, una de las cadenas cinematográficas más importantes de América Latina, y fundador de dos de las salas de cine y teatro más grandes de la capital queretana: el Alameda y el Plaza.

Luis Rey Montes Bribiesca nació en la ciudad de Guadalajara el 21 de diciembre de 1911, hijo de don José Montes Moussier y doña Elisa Bribiesca Vázquez.

Fueron sus abuelos don Heliodoro Montes y doña María del Refugio Moussier, por la rama paterna, y don Francisco Bribiesca y doña Ángeles Vázquez, por la rama materna.

Ambas familias, de gran abolengo y respeto en la capital tapatía.

El destino de don Luis R.

Montes trazó un camino de luces y sombras.

Estudió en su natal Guadalajara, en Nueva York, en Londres y en París, capitales estas últimas en las que tuvo la oportunidad de vivir de cerca el mundo del espectáculo, una experiencia inolvidable que dejó en él sembrada una semilla que vendría a germinar años más tarde en su patria.

“Eran los locos años veinte y había que estar ahí para saber de lo que se hablaba cuando se decía que eran unos años verdaderamente ‘locos’.

¡Fue extraordinario!”, recordaba don Luis con añoranza.

Dudoso de dedicarse a la abogacía que le imponía su familia, el joven Luis finalmente se decidió de vivir en el mundo maravilloso del espectáculo, “donde las luces de las marquesinas simulan fuegos de artificio que rasgan el vientre de la noche y escriben en colores fugaces los nombres consagrados de las estrellas”, según definió alguna vez.

La vocación artística le venía por herencia, puesto que su padre había establecido años atrás su primer cine en la ciudad guanajuatense de Salamanca y, más tarde, repetía la hazaña con un puñado de cinco salas de exhibición en Guadalajara, ofreciendo a sus habitantes las emociones que brindaban artistas de la talla de Rodolfo Valentino, Pola Negri, Douglas Fairbanks y Ramón Novarro, entre muchos otros.

Aquél grupo de cines fundado por don José, el Montes, el España, el Juárez, el Cuauhtémoc y el Colón, hoy pertenecen a la historia del espectáculo de la Perla Tapatía.

“Mi padre -platicaba Montes Bribiesca estando en el pináculo de su carrera empresarial- era un hombre con una gran visión para los negocios.

Le encantaba el mundo del espectáculo pues en su juventud llegó a soñar con ser artista, pero sus padres no lo dejaron desarrollarse.

Y sólo como empresario, detrás del escenario, es que pudo ver satisfechas en parte sus inquietudes”.

Terminada la década de los veinte y cuando todavía no alcanzaba las dos décadas de edad, el muchacho jalisciense regresó a su país.

Y una vez radicado en el Distrito Federal, descubrió que los pequeños y modestos teatros de antaño, aquellos de Roberto Soto, de Esperanza Iris, de Virginia Fábregas y de María Teresa Montoya, ahora eran superados en esplendor por enormes construcciones como la de El Politeama, ubicado en el barrio de San Miguel, construido ex profeso para la presentación de grandes espectáculos ‘tipo Broadway’, y en el que entró trabajando como empresario.

Platicaba don Luis: “Una personalidad tan avasalladora como la de Bertha Singerman, por ejemplo, solo cabía en una marquesina llena de luces y en un escenario tan amplio como el de El Politeama”.

Y, audaz, lo mismo comenzó a ofrecer a los capitalinos espectáculos de artistas nacionales que brillaban con luz propia como Agustín Lara, Toña ‘La Negra’, Daniel Pérez Alcaraz y el queretano Juan Arvizu (“Azul”), entre otros, que shows atrevidos como el de los norteamericanos Kovacs y Gertz o el de la compañía francesa de Madame Rasimi, prohibitivos para espíritus pusilánimes.

EMPRESARIO CINEMATOGRÁFICO Don Luis R.

Montes inició el último año de la década de los veinte su ardua labor de integrar un ambicioso Circuito de salas cinematográficas al que bautizó con su nombre, en sociedad con los actores Mario Moreno “Cantinflas” y Arturo de Córdoba, dos de sus más entrañables amigos.

Y contra lo que muchos llegaron a pensar en un principio, no fue el Grupo Guadalajara de su padre el pionero de esta nueva compañía, pues permaneció durante muchos años más manejándose aisladamente, con don José Montes Moussier a la cabeza y José Heleodoro Montes Bribiesca –hermano de don Luis- en la administración, sin ligas comerciales con el Circuito.

Don Luis siempre sintió la provincia como la fuerza de todos sus impulsos y fue por ello que marcho precisamente a la provincia para colocar la piedra angular de su nueva empresa exhibidora.

Y su primera sala cinematográfica fue, precisamente, el Cine Goya, localizado en la avenida Juárez, el cual le fue arrendado a don Demetrio Juaristi.

Con don Luis R.

Montes en la administración, el Cine Goya -inaugurado modestamente en 1929- adquirió nuevos aires.

Apenas tomó posesión del inmueble, inmediatamente le mandó construir una imponente fachada con cinco ventanas en el exterior, tres ornamentos circulares y dos llamativas marquesinas.

“Querétaro -decía don Luis a sus amigos-, merece tener uno de los mejores centros de espectáculos del centro del país”.

Y con esa visión empresarial que lo caracterizaba, trajo a la ciudad las funciones matinales para los niños -las ‘matinées’, les anunciaban- y programó los días viernes, a precio popular, funciones maratónicas con tres películas diferentes para toda la familia.

En esos años, la mayoría de los cines de los estados de la República comenzaron a equiparse a gran velocidad con proyectores “Simplex”, equipos de sonido RCA Photophone de Alta Fidelidad, anuncios de neón EMSA con letras intercambiables, butacas acojinadas y de madera marca “Victoria”.

Y El Goya no podía ser una excepción.

El primer censo dado a conocer por el Departamento de Estadística Nacional, ofrece números muy interesantes relacionados con la historia del cine, hasta el año de 1928.

Así, sabemos que existen 520 salones de cine, que han dado ese 1928 un total de 93 mil 983 funciones, cobrando impuestos por valor de un millón 80 mil 195 pesos y 35 centavos.

Para 1943, como parte del grupo Espectáculos del Centro, el Cine Goya presumía en la publicidad de la Guía Oficial del Cine Mexicano, 500 asientos en Luneta y 700 en Galería.

Cantidad muy inferior a la que tenían los Cines Alameda del Distrito Federal, Guadalajara y Monterrey, con 3,144 en Luneta, 1,400 en Luneta y 1,100 en Luneta y 300 en Galería, respectivamente.

Al cine Goya le siguieron otras salas igualmente importantes como el Rosales de Acámbaro, el Cortázar de Celaya, el Eréndira de Morelia, el Reforma de Guanajuato, el Ángela Peralta de San Miguel de Allende, el Rex de Irapuato y, luego de la jubilación de don José, los cinco salones que la familia Montes administraba en Guadalajara.

Durante los años treinta y cuarenta, el Circuito Montes, que para entonces estaba considerado ya como uno de los más importantes de América Latina, continuó creciendo y desarrollándose hacia León, Aguascalientes, Zacatecas, Fresnillo, Manzanillo y otras poblaciones.

En 1942, con una inversión millonaria y una arquitectura colonial única, don Luis mandó construir en Guadalajara el Cine Alameda, uno de los más hermosos del interior del país y que luego de que un voraz incendio lo consumiera prácticamente hasta sus cimientos en febrero de 1952, sería reinaugurado pomposamente ocho meses más tarde ante la destacada presencia de Charles P.

Skouras, presidente de Nacional Tetares Amusement Co.

Inc.

Y las artistas Ana Bertha Lepe y Miroslava Stern.

EL ‘COLONIALÍSIMO’ CINE-TEATRO ALAMEDA Amigo de artistas, ministros, senadores y diputados, don Luis R.

Montes encontró en el gobernador de Querétaro, Agapito Pozo Balbás, un amigo sincero e incondicional que, buscando el despegue comercial e industrial de una entidad conocida más por su vocación agrícola, le brindó todas las facilidades que la ley le permitió (incluso promulgando bondadosos artículos), con el fin de que pudiera construir en la capital dos de sus más ambiciosos proyectos del Bajío: los teatro-cine Alameda y Plaza.

Don Luis inició la construcción del Teatro-Cine Alameda y el Hotel Colonial el 24 de julio de 1944, “en pleno corazón de Querétaro, a un lado del bello y romántico Jardín Guerrero”, en un predio ubicado en las actuales Avenida 16 de septiembre, el andador Matamoros, la cerrada Guadalupe Victoria y la calle de Allende.

El lujoso edificio de estilo colonial en su interior y con la fachada inconclusa, realizado en un periodo de 27 meses y amparado por los beneficios de construcción contenidos en la Ley No.

33 de Protección a la Industria y Nuevos Edificios, promulgada el 9 de junio de 1944, fue declarado “de conveniencia y utilidad pública” el 28 de agosto de ese mismo año, una vez que fue presentado el dictamen formulado por el departamento de Catastro y Obras Públicas.

En ese documento sed aseguraba que “por su amplitud, cupo y materiales de construcción, así como por sus respectivos anexos, (el inmueble) puede catalogarse de primera categoría”, razón suficiente para que el gobernador Agapito Pozo Balbás, apoyado en la mencionada Ley, declarara “la exención de impuestos prediales y similares ya existentes o que posteriormente fueran creados, tanto del Estado como del Municipio, por un periodo de 10 años”, quedando los impuestos de la siguiente década cubierta de esta forma: pago del 50 por ciento los primeros 5 años y el 75 por ciento por los otros 5 años.

En lo que respecta a los giros mercantiles, tanto para el Teatro-Cine Alameda, como para el Hotel Colonial proyectado anexo al mismo, aunque jamás construido, el titular del poder ejecutivo queretano decretó la exención al cien por ciento de impuestos por un periodo de 5 años, pagando los siguientes 5 el 25 por ciento, los otros 5 el 50 por ciento y los restantes 5 años el 75 por ciento de los impuestos correspondientes.

La Ley No.

33, en su Artículo Noveno, consideraba como Cines y Teatros- Cines de Primera Categoría, a aquellos construidos “con arreglos a las actuales exigencias de esa clase de salones parea espectáculos públicos, en orden de seguridad, higiene y confort”, exigiendo como características mínimas:

“a). Que existan cuando menos dos clases de localidades en la sala de espectáculos.

b). Que la localidad alta, llámese Galería, Balcón, etc.

, sea de cemento armado o material similar, que preste iguales garantías de seguridad.

c). Que la butaquería de la localidad de Preferencia sea de asientos acojinados.

d). Que el decorado del salón corresponda al de un centro de espectáculos de la categoría que se menciona al principio de este artículo.

e). Que la inversión en el negocio no sea menor de cien mil pesos, debiéndose acompañar a la solicitud con un plano de la obra”.

Todas estas características y más, fueron cumplidas por el Teatro-Cine Alameda, que fue inaugurado el 11 de octubre de 1946, con capacidad para 2 mil 100 espectadores repartidos en Luneta y Galería.

“Un lugar digno para los queretanos”, presumía la publicidad.

Andrés “La Chita” Maldonado Sánchez, viejo empleado del Cine Goya y del Teatro Alameda, recordaba una anécdota que ocurrió el día de la apertura del Alameda y que, en su opinión, pintaba “de cuerpo entero” la personalidad de don Luis R.

Montes (“el dueño, el patrón, el jefe”): “Me encontraba ese día pegando los carteles en el vestíbulo y me dijo, después de saludarme: -Yo te ayudo Chita.

Y entre los dos, con martillos y tachuelas, colocamos toda la publicidad de las películas.

Después llegó la gente de la Fox, de la Columbia, de la Metro, todo el teatro se llenó, tanto, que don Luis tuvo que pedir prestadas a don Pepe Roiz unas sillas para ser colocadas en los pasillos.

Esa noche estaba llueve y llueve.

Y tuvimos que ir a pie hasta el Gran Hotel y regresamos fumigados como arañas.

Y entonces pasó un detalle muy bonito.

Uno de los de la Fox, de los importantes que habían venido a México para este evento, se puso a servirnos café a todos nosotros junto con don Luis”.

EL SUNTUOSO TEATRO CINE PLAZA Otro de los grandes proyectos de don Luis R.

Montes para Querétaro fue la construcción del suntuoso edificio del Teatro Plaza, localizado en la esquina de las calles de Cinco de Mayo y Corregidora, fue proyectado y construido por el ingeniero Jesús T.

Sánchez, bajo la supervisión de don Guillermo Vera.

Declaraba don Luis R.

Montes a la prensa de la época: “Querétaro está destinada a convertirse, por su ubicación y por la generosidad de su gente, en uno de los polos más importantes del centro del país.

Hay quien considera que construir dos cines tan imponentes como el Alameda y el Plaza es una osadía.

Yo no lo creo así.

Querétaro tiene público para eso y para más”.

El Teatro Plaza vendría a ser, por su capacidad y aún sobre el Teatro-Cine Alameda, el centro de espectáculos más importante de la capital y, también, “el edificio más alto de Querétaro”.

“Tiene -detallaban las crónicas de la época- una vista exterior magnífica y elegante y, desde sus balcones y terrazas se divisan preciosos panoramas de los alrededores de la ciudad.

La iluminación de que ha sido dotado transforma en ciudad moderna al Jardín Obregón, con la vistosidad de las grandes poblaciones.

En el interior se ha dejado espacio para instalar un Casino, un Restaurante o cualquier otra cosa similar y también pudieran instalarse despachos.

Y en todos lados pueden ir comercios de lujo”.

De construcción “sencilla, cómoda y elegante”, el Teatro Plaza fue inaugurado por el gobernador Agapito Pozo en punto de las 21 horas del viernes 28 de noviembre de 1947.

Tendría una capacidad impresionante: 2 mil 520 butacas, divididas en un mil 120 cómodos asientos acojinados en el primer piso, “con gran visualidad en la pantalla”, y mil 400 lugares en la galería.

EL PODEROSO CIRCUITO MONTES Para el primer lustro de la década de los años cincuenta, el Circuito Montes contaba con 45 salas ubicadas en las más apartadas e importantes ciudades del país, que en conjunto sumaban 88 mil 572 localidades: Ciudad García Salinas (Rex), Valle de Santiago (Montes), San Luis de la Paz (Colón), Celaya (Colonial), San Juan del Río (Cinelandia) y Armería (Victoria), hasta Aguascalientes Alameda, Encanto, Plaza y Rex), León (Coliseo, Hernán, Isabel, León y Vera) y Manzanillo (Bahía y manzanillo), entre ellas.

Según cifras de la empresa, el Circuito Montes recibía mensualmente una asistencia promedio de un millón 954 mil 780 espectadores de ambos sexos y todas las edades.

El actor Andrés Soler, se refería de la siguiente forma a don Luis R.

Montes: “La labor realizada por este titán de la exhibición de películas es invaluable.

Su cadena de cines ha servido tremendamente para solidificar a la industria cinematográfica nacional”.

El padre del consorcio televisivo más importante de América, don Emilio Azcárraga Vidaurreta, por su parte, lo definía así: “Fue un magnífico hombre de empresa.

Empresarios como él hacen falta en México.

Dio fuerte impulso al cine y pese a la gran actividad que realizaba, siempre encontró tiempo para atender los problemas personales de sus trabajadores”.

Y su amigo, el también actor Arturo de Córdova, sencillamente lo describía como “el personaje más importante que ha existido entre los pioneros de la exhibición cinematográfica en México”.

El 14 de marzo de 1956, cuando se encontraba en la mejor etapa de su vida y apenas sumaba 44 años de edad, don Luis R. Montes murió repentinamente de un paro cardiaco.

La noticia tomó por sorpresa al mundo del entretenimiento y enlutó a centenares de hogares en todo lo largo y ancho del país.

“Ha muerto don Luis R.

Montes, el zar del entretenimiento”, publicó el día 15 el Excélsior.

“El mundo del espectáculo de luto”, fue la nota de El Nacional.

“Se le paró el corazón”, cabeceó La Prensa.

Le sobrevivieron su esposa doña Eugenia Julieta Lance Alemán, y sus hijos Luis y María Eugenia Montes Lance.

Para 1965, y con Luis Montes Lance al frente del Circuito, este núcleo sumaba 65 salas establecidas en 23 ciudades de todo el país.

Entrevistado meses después del deceso, así recordaba Luis Montes Lance a su padre: “Desde pequeño me ha sido familiar el negocio del espectáculo.

Mi padre hablaba constantemente de él en casa y su entusiasmo era en realidad parte de sí mismo.

Su risa franca y abierta resonaba como rúbrica después de cada éxito.

Considero que nació para tenerlos y no lo concibo sin reír y sin triunfar”.

EL DECLIVE DE UN PRÓSPERO IMPERIO El Circuito Montes se disolvió a finales de la década de los noventa con la llegada de las modernas cadenas cinematográficas transnacionales.

Para entonces, de aquellas lujosas salas de exhibición como el Teatro Cine Alameda de Querétaro o el Colonial de Celaya, que alguna vez fueron orgullo de don Luis R.

Montes, ya no quedaba más que el recuerdo.

Los que en antaño fueron considerados como cines de gran lujo, para ese tiempo ya se encontraban destruidos y prácticamente abandonados.

El tiro de gracia a la alguna vez rutilante industria del espectáculo lo vino a dar el acceso casero al video y la proliferación de centenares de videoclubs que en ese tiempo ofrecía, por el costo de entrada de un boleto, la renta de una película que toda una familia podía disfrutar sin salir de su hogar.

Poco a poco, cada una de las salas que alguna vez integraron al Circuito Montes, se fueron desincorporando.

Algunas por pleitos legales entre los empleados que se negaban a abandonar su trabajo sin una justa remuneración, y otras por la venta que la familia Montes llegó a hacer a varios particulares interesados en cada uno de estos sitios por su espléndida ubicación.

El último lustro del siglo XX llegó al tiempo que el Circuito Montes se extinguía en su totalidad… Sin embargo, el recuerdo del esfuerzo y el amor que este empresario jalisciense le tuvo a Querétaro, aún persiste en la memoria colectiva de todos aquellos que alguna vez conocimos la magnificencia de sus obras.

En todos aquellos que alguna vez ocupamos alguna localidad en uno de los cines que conformaron el poderoso Circuito Luis R. Montes.

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