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Querétaro

Cantar, proclamar, adorar

La belleza es un trascendental que estructura al ser humano, como la verdad y la bondad. Estos dos últimos parecen ciertos, pero a veces se necesita tiempo y método para valorarlos y encontrarlos objetivamente; la verdad, muchas veces aparece fraccionada en las opiniones, luciérnagas brillantes y centelleantes en la oscuridad, llaman la atención, pero no son la luz; llegada la aurora y la entrada del “rubicundo Apolo”, como llamaba Cervantes al Sol, desaparece su encanto y su luminosidad.

La bondad, no se acepta tan fácilmente, porque se pone en tela de juicio la intencionalidad de los actos. Pero la belleza, se impone, se siente, se goza.

De hecho pueden darse falsificaciones, frecuentes en nuestros días; éstas no conducen al gozo y a la paz, a la libertad interior; se está en la entrada de la experiencia religiosa; la experiencia estética, es lo más cercano a la experiencia de Dios, incluso se confunde con ella, o es su camino seguro.

San Juan Pablo II, en su Carta a los Artistas, sentenció aquella expresión de Dostoievsky de la novela el Príncipe Idiota, “solo la belleza salvará al mundo”. Mons. Faustino Armendáriz Jiménez, Obispo de Querétaro, con ocasión del 50 Aniversario de la Ordenación Sacerdotal de Mons. J. Guadalupe Martínez Osornio, Vicario Episcopal de Catedral, nos dio una homilía, digna de ser releída, gustada y contemplada.

Así como cuando degustas un buen vino o un platillo exquisito, banquete de Ambrosía, con los amigos.

Sus palabras nos descubrían al hermano sacerdote, alegre, entregado, fiel, sumamente querido, excelente amigo, seguidor de Jesús en la Santa Iglesia.

“…Hablar no es suficiente.

Es preciso cantar… abrir el corazón y dejar que éste exprese lo inefable”, señaló Mons.

Faustino, haciendo suyas las palabras del salmo 95, 1 “Cantemos al Señor un canto nuevo…”, que le sirvió de estructura interna a sus palabras.

Cantar el Sacerdocio de Jesucristo por el ministerio y la vida de los sacerdotes; cada vez que se celebra la Eucaristía, se canta el amor de Dios; cada vez que se celebra la Reconciliación, se canta la misericordia del Señor; cada vez que se nos unge en la enfermedad o en la agonía, nos invita a cantar a Dios, nuestra esperanza (Cf. Homilía citada). El ministerio, designio del Padre, hace de Cristo el corazón del mundo.

Palabras que golpean el corazón e invitan a ver nuestro entorno de otra manera, el modo del Padre y el de su Hijo Jesús; vengan la paz y la armonía por su Corazón, fuente de ellas.

“Cantar, Proclamar, Adorar”, tres acciones que engrandecen la misión sacerdotal, encarnadas en nuestro hermano, Mons. J. Guadalupe, en su ministerio como vicario y párroco, como formador de mistagogos en el Seminario, -es decir de aquellos que han de introducir al Pueblo de Dios a la experiencia del misterio cristiano por la Liturgia-, como Secretario Ejecutivo del Episcopado Mexicano en la Pastoral Litúrgica durante 12 años, y otros.

Nuestro hermano, el Padre Lupito, ha conservado la frescura del niño y la sencillez de los verdaderamente grandes; sacerdote que ha amado su vocación y ha dado frutos, algunos tangibles, pero los más, ignorados.

Su alegría, es nuestra alegría; su gozo es nuestro gozo. Su Canto de Acción de Gracias es nuestro Canto.

Gracias Padre J. Guadalupe por tu entrega feliz y constante; gracias por tu amistad.

Gracias al Sr. Obispo Faustino, quien con sus palabras, nos permitió entrar en las entrañas de un hermano nuestro, tan cercano y tan querido, Mons.J. Guadalupe Martínez Osorio, Vicario Episcopal de la Catedral de Querétaro.

Gracias.

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