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Querétaro

Miles de niños no tienen nada qué festejar

POR MANUEL PAREDÓN Noticias Millares de niños nada tienen que festejar este “Día del Niño”.

Son aquéllos que transitan por las calles, pidiendo una moneda, son aquéllos cuyos padres se divorciaron o separaron, son aquellos abandonados en las casas de cuna, son aquéllos que trabajan, son aquéllos que han sido víctimas de la violencia intrafamiliar, son aquéllos que se encuentran gravemente enfermos, son aquéllos que han sido abusados sexualmente, son aquéllos que no conocieron el cariño de sus padres, son aquéllos que en alguna institución esperan ser adoptados.

Son aquéllos que sucumbieron en las adicciones.

Todas estas creaturas sufren hasta lo indecible y en cada una tiene su propia historia.

La Declaración de las Naciones Unidades sobre los Derechos de la Infancia, establece: “El menor tiene que ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación.

No será forma de trasiego en forma alguna.

El menor no será admitido como empleado antes de llegar a una edad mínima adecuada.

En ningún caso se le impondrá ni se permitirá que se dedique a una ocupación o empleo que perjudique su salud o educación”.

Lamentablemente esta declaratoria poco se observa.

Y todavía se sigue discutiendo el texto de la nueva Convención sobre los Derechos de la Infancia.

Mientras tanto, como expresa un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

“el trabajo de los menores sigue siendo una tragedia de nuestro tiempo”.

Considera que se necesitan nuevas y prácticas iniciativas.

En 1973, la OIT adoptó una convención que establece una serie de edades mínimas para trabajar.

Sin embargo, el organismo no tiene de por si poder para aplicar sus convenciones y depende de cada país el cumplimiento de las normas.

Otro de los dramas, los niños que a diario circulan por las calles pidiendo una moneda.

En medio de las inclemencias del tiempo, y desde el amanecer hasta el atardecer, corren de un lado para otro, sorteando los peligros para no ser atropellados.

También se encuentran en los atrios de los templos.

En muchos de los casos, a corta distancia y cómodamente tirados en los camellones o bajo la sombra de una casa, los observan sus padres.

El hecho importante es que ahí están.

Quién o quiénes los abandonaron, no tiene importancia.

Las causas son muchas, progenitores descastados y parientes crueles.

Pocos se han puesto a pensar que en poco tiempo, estos menores se convertirán en adultos e irremediablemente se convierten en delincuentes o drogadictos y las mujercitas a tierna edad, en madres.

Si es que no desde antes.

¿Culpables? Todos.

La misma sociedad que poco ha demostrado preocupación por un mal endémico y progresivo.

Mientras tanto, la Magistrada del Tribunal Superior de Justicia Marisela Sandoval ha referido el inmenso sufrimiento de los niños cuyos padres se divorcian o separan.

Muchos de ellos, ya no quieren convivir con sus padres y prefieren un partido de futbol.

Afortunadamente, todavía existe el Hospicio Vergara para los niños desamparados.

Doña Josefa Vergara fundó esta institución y dejó un patrimonio para que se sostenga.

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