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Querétaro

Romy Rojas, la niña intrépida y soñadora

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POR ENRIQUE ZAMUDIO Noticias

Siempre quiso ser distinta a las demás.

Vestía una blusa a cuadros y un sobretodo de mezclilla.

No era una muñequita frágil, de vestidito, encajes y holanes, sino más bien una chica soñadora e intrépida.

Así se le construyó su personalidad a “Mirna”, la muñeca que acompañó durante su infancia a la niña Romy Rojas Garrido, hoy titular de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas.

“No me preguntes por qué, pero la llamé Mirna.

Con esa muñeca yo le pedí a Dios que le diera vida a Mirna, mi súper amiga”, nos platica Romy Rojas, quien sonríe al recordar aquellos años de inocencia, de juegos, de sueños.

“Estaba medio chifladilla, ¡eh!”.

“DESDE CHIQUITA SUPE QUE NO HABÍA IMPOSIBLES”.

De coletitas, mirada pícara y sonrisa franca, así se ve a la niña Romy Rojas en las fotografías del Jardín de Niños “Vasco de Quiroga” o cuando fue la abanderada de la escolta en la primaria “Juan Escutia”, imágenes guardadas con celo en los álbumes familiares.

“Era una niña muy soñadora y que, no sé por qué, pero siempre me dijeron desde chiquita que no había imposibles.

Era muy pequeña y me enseñaron a entrar a concursos de oratoria, siempre con niños mucho más grandes de edad que yo.

Y mis papás siempre me decían que no le temiera a que fueran más grandes que yo; o que fueran de otras escuelas, que quizás fueran evaluadas académicamente mejor que en la que yo estaba, y me la creí.

Me la creía y eso me hacía, era muy soñadora”.

LA “TIENDITA” DE LOS HERMANOS ROJAS.

La arquitecta Romy Rojas recuerda aquella época, en el Querétaro de los años ochenta, cuando jugaba a todo lo que se pudiera imaginar en compañía de sus hermanos Arsheli, Guillermo y Gerardo.

“Jugábamos a todo lo que se les ocurriera a mis dos hermanos mayores, sobre todo a mi hermana Arsheli.

Ella era súper líder entre los cuatro hermanos.

Jugábamos mucho los cuatro.

Todos los juegos que te puedas imaginar”.

Los niños Rojas jugaban basquetbol en las canchas de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ); jugaban al “bote pateado” en la calle; andaban en bicicleta y le ponían un “frutsi” en la llanta para que sonara como motocicleta.

“Teníamos tienditas, sacábamos una mesa y vendíamos naranjas con chile, y cositas.

Según nosotros teníamos nuestras tienditas y vendíamos nuestras cosas.

Los únicos consumidores eran mis hermanos y mis primos.

¡Acabamos quebrando totalmente!”, recuerda.

Las travesuras eran emplear a Gerardo, su hermano menor, para obtener dulces y esquivar los regaños.

“Le tiraba unas monedas en el piso y era de los cambios que dejaba mi mamá, y lo hacía para que él fuera a comprar dulces y me diera dulces a mí, y entonces a mi no me regañaran por coger el cambio que dejaba mi mamá.

Él juraba que las monedas se las encontraba.

Pobrecito lo regañaban por mi culpa y él juraba que se había encontrado las monedas en el piso”.

Sin duda, la Navidad era de las épocas de mayor ilusión, al vivir ese momento al lado de su abuela “Mamá Chole”, sus papás, Don Guillermo Rojas y Doña Arsheli, y sus tres hermanos.

“No podía dormir de saber que al otro día iba a ser Navidad”, apunta Romy Rojas y se advierte la emoción, como si se transportara a aquellos años, cuando antes de pasar por la abuela e ir a cenar, llegaban a casa los regalos que traía “El Niño Dios”.

“Era un momento mágico y especial.

Nos hacían todo en la familia de tal forma que lo convertían en un momento muy mágico”.

“ÉRAMOS ESPECIALES POR SER NIÑOS”.

En la primaria “Vasco de Quiroga”, allá por finales de los ochentas, el Día del Niño se festejaba con festivales y concursos de disfraces, pero también en casa con regalos sencillos, pero no menos especiales.

De sus amistades de la niñez, aún conserva a Celia Guerra Urbiola, “Chelita” Urbiola, quien desde entonces ha sido su aliada y confidente.

“En mi casa nos regalaban siempre un balón.

Algo que no fuera costoso, pero la realidad es que yo siempre me emocionaba bastante, hasta con un balón de volibol que me daban, me emocionaba”, comenta Romy Rojas.

“Mis papás nos hacían sentir especiales, que era Día del Niño y que wow, éramos niños y éramos especiales por ser niños”.

“LAS AMISTADES PROLONGAN LA INGENUIDAD DE CUANDO UNO ES NIÑO”.

Para la arquitecta Romy Rojas Garrido, toda etapa de la vida se tiene que vivir al máximo, especialmente cuando se es niño.

“Cada etapa se tiene que vivir al máximo y que cuando uno vive sus etapas al máximo, puede vivir con mucha plenitud la situación que uno vive, que llega muy rápido las responsabilidades como adulto”.

“Vale mucho la pena vivir la infancia a plenitud, y prolongar esa ingenuidad que uno tiene cuando es niño, y cuidar también las amistades para que se prolongue esa ingenuidad o inocencia que solamente tiene uno cuando es niño, que es maravillosa la inocencia, y vivir muy bien sus etapas”.

Romy Rojas recuerda con gran aprecio y especial agradecimiento a sus “amigos imaginarios” como la muñeca “Mirna”; sus amigos de la vida real, “compañeros de vida” de quienes ha aprendido durante su trayectoria escolar, profesional y de vida.

Quizás sin saberlo, la niña Romy utilizó “Mirna”, una palabra de origen eslavo que significa “pacífica y gloriosa”, relacionado con aquellas personalidades de líderes que se imponen metas difíciles de alcanzar.

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