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Claman ayuda en Pie de Gallo.

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POR JAHAIRA LARA 

Noticias 

A la orilla del río que atraviesa la comunidad de Pie de Gallo se encontraba la señora Marcelina Moreno, una mujer de edad avanzada que se ayudaba de un pequeño palo de madera para caminar entre el camino empedrado y el lodazal dejado por la corriente que la noche del viernes arrastro árboles y vehículos.
Desde hace ocho años –recuerda- no se había presentado un evento similar.

Ya el domingo el camino de tierra y piedras lucía más despejado, autoridades habían arribado desde el sábado con grúas y camiones de volteo para ayudar a las labores de limpieza; los 12 vehículos que habían sido arrastrados por la corriente fueron trasladados a otro lugar, sólo dos permanecían afuera de un hogar, “por si aún se podía recuperar algo”, decía la señora Marcelina.

La gente en las calles con palas, carretillas, escobas, “diablitos”, salían a recoger todo aquello que pudiera obstruir la circulación del líquido.

Con machete en mano salían un par de hombres de sus hogares para cortar ramas y el tocón de un gran árbol que fue derribado por la corriente; luego de que las fuertes lluvias del pasado 26 de agosto ocasionaran que el agua rebasara los cauces del río, amenazando con entrar a las casas.

Mientras algunos niños aprovechaban para hacer “patitos” en el agua con pequeñas piedras o jugar a las carreritas.

“Está vez se puso peor que hace ocho años, nunca había subido el agua así, lo bueno es que no se llevó gente ni se metió a las casas; todo fue afuera, sólo veíamos como iban arrastrando los coches y las ramas, el agua llevaba mucha fuerza que hasta tiró un árbol.

La gente estaba muy asustada, los niños y las señoras lloraban”, recuerda Marcelina, mientras mantiene su recorrido por la orilla del río.

Habitante desde hace 18 años de la comunidad de Pie de Gallo, Mari –como la llamaban sus vecinas- recuerda cómo cada temporada de lluvias el temor se hace presente en los habitantes que rodean el cuerpo de agua, pues se encuentra conectado a la presa de la estancia y dos bordos -que supone-, fueron los que colapsaron el pasado viernes y ocasionaron que aumentará la corriente.

Mientras recoge parte de las piedras que arrastro el río, recuerda el temor de los vecinos de que el nivel del agua subiera unos centímetros más y dañara muebles y electrodomésticos que se encontraban al interior de las viviendas.

“Estuvo bien feo, habíamos visto esto pero que hace ocho años y ahora fue peor, el agua alcanzó los patios de afuera de las casas, dicen que para arriba se reventaron dos bordos por lo mucho que llovió para allá arriba (…) Sí, siempre llueve y la gente vive con el temor de que algo pase, pero ahora sí pasó”, apuntó.

Río abajo se puede observar a un grupo de 10 hombres removiendo un tubo de pvc de un diámetro amplio que de igual manera había sido removido del lugar en el que se encontraba; mientras unas señoras buscan un puente improvisado de mara que fue colocado para poder trasladarse de lado a lado del cuerpo de agua.

El panorama coinciden los residentes era más devastador, ahora sólo quedan las esperanzas de que las autoridades municipales otorguen apoyos a las familias afectadas.

Aunque la principal demanda es de puentes que soporten las intempestivas corrientes, caminos, infraestructura hidráulica y drenaje.

“administraciones van y nuevas vienen, las promesas siempre son las mismas, pero lo que les pedimos no nos lo cumplen; sólo cuando pasa esto es cuando vienen otra vez a darnos nuevas esperanzas que no se cumplen”, afirmó habitante del lugar.

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