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Querétaro

Servir para hacer un mundo más humano: Mons. Faustino

  • Celebró 12 años de ser Obispo

POR ENRIQUE ZAMUDIO FOTOS MIGUEL CRUZ No ti cias El Obispo de la Diócesis de Querétaro, Mons. Faustino Armendáriz Jiménez, concelebró ayer la Misa de Acción de Gracias por su XII Aniversario de Ordenación Episcopal, ante una pletórica Iglesia Catedral donde se congregó el presbiterio queretano, religiosos, religiosas, seminaristas y una multitud de laicos que acompañó al prelado en esta celebración.

Inspirado en la historia de San Policarlo, quien fue el último testigo de la época de los apóstoles, Don Faustino sostuvo que la vida y el ejemplo de este gran obispo“representa no sólo para mí, sino para toda la Iglesia, un modelo digno de imitar, pues con su propia vida supo hacer suyo y traducir en su propia pasión el evangelio de Cristo, incluso al grado de disponerse para ser ofrecido como una ofrenda, como hostia viva”.

Monseñor Faustino señaló que, aún cuando no todos están llamados al martirio cruento, hay un “martirio” incruento, que no es menos significativo que es el testimonio silencioso y heroico de tantos cristianos que viven el Evangelio sin componendas, cumpliendo su deber y dedicándose generosamente al servicio del evangelio. “Este martirio de la vida ordinaria es un testimonio muy importante en las sociedades secularizadas de nuestro tiempo”, afirmó Don Faustino. “Es la batalla pacífica del amor que todo cristiano, como san Pablo, debe librar incansablemente; la carrera para difundir el Evangelio que nos compromete hasta la muerte”.

Dijo que el interés primordial de Jesús lo primero, dentro del grupo de sus seguidores, es olvidarse de los propios intereses y ponerse a servir, colaborando juntos en su proyecto de hacer un mundo más humano. “No es fácil”, sostuvo Don Faustino. “A veces, en vez de ayudar a otros creyentes, les podemos hacer daño. Es lo que preocupa a Jesús. Que entre los suyos haya quien escandalice a uno de esos pequeños que creen.

Que entre los cristianos haya personas, que con su manera de actuar, hagan daño a creyentes más débiles y los desvíen del mensaje y el proyecto de Jesús”.

Explicó que San Policarpo pudo haber renunciar a su fe y salvar su vida; sin embargo, no fue así, sino que prefirió ser quemado, antes de escandalizar a los suyos.

“Jesús nos pide un amor heroico, como el de san Policarpo, como el de tantos mártires, conocidos y anónimos.

¿Cómo es posible? De ningún modo por nuestras propias fuerzas.

Es Jesús quien nos dice lo que hará con nosotros: seremos salados a fuego.

Seremos introducidos en el fuego de un amor que nos supera, que ensancha, hasta límites insospechados, nuestra pobre capacidad de amar.

Salados a fuego para transformar en vida lo que de por sí es frágil y corruptible”.

En este sentido, narró que cuando el fuego alcanzó el cuerpo de Policarpo, éste parecía un pan que está cociéndose, o como el oro y la plata que resplandecen en la fundición.

“Que hoy seamos para todos, especialmente para los más pequeños, pan blanco, tierno y bien cocido, dispuesto para ser comido”, expresó.

Por tanto, Don Faustino exhortó a estar atentos para vivir de una manera recta, incorruptible.

De manera que con nuestra vida, demos sabor a la vida de los demás.

“La sal, es signo de sabiduría y la sabiduría viene de Dios.

Tenemos que dar sabor y sazón al alimento; debemos servir como conservantes para que el mundo no se pudra en su pecado y en sus vicios”.

Monseñor Faustino Armendáriz agradeció la presencia y el espíritu misionero de sacerdotes, consagrados, consagradas y laicos en esta celebración de acción de gracias que, sostuvo, le anima e impulsa para seguir entregando su vida al servicio del Evangelio entre ustedes.

“Hoy, me doy cuenta que mi vida y mi ministerio episcopal debo estar dispuesto incluso para el martirio; debo seguir siendo esa ‘sal’ que la Iglesia, la sociedad, cada uno ustedes necesita para tener sentido.

Les pido que como hasta ahora lo han hecho, me sigan fortaleciendo con su oración, para que no escatime en entregarme sin reserva”.

Al término de la Ceremonia Eucarística, el padre Prisciliano Hernández entregó un obsequio en representación del presbiterio y la feligresía, al tiempo que agradeció el ministerio del Sr.

Obispo Faustino en estos casi seis años al frente de la Diócesis de Querétaro.

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