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Editorial (Conservación)

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La restauración de los templos de San Francisco, Teresitas y Nuestra Señora del Carmen que requerían acciones urgentes es una muestra de la importancia que Querétaro da a su zona monumental y a su arquitectura colonial que le han merecido reconocimientos de gran trascendencia, incluido el más relevante que es el de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Los templos de Querétaro así como las casonas de su zona monumental, con su traza bien conservada, así como sus calles de adoquín son testigos de un pasado que palpita en un presente de dinamismo, desarrollo y modernidad.

Los pueblos que conservan su memoria y se precian de sí, son los que logran avanzar con mayor integralidad, pues el conocimiento del pasado siempre es germen de reflexión, integración y comunidad.

Eso es lo que ha sabido hacer Querétaro a lo largo de los años, especialmente a partir de las últimas décadas, en las que sus posibilidades económicas y el aprecio popular, han hecho posible reconocer, valorar y revalorar, el trabajo de tantos antecesores que muchos en el anonimato, supieron erigir y mantener obras monumentales de las que hoy con justicia, nos enorgullecemos.

Los trabajos de mantenimiento corresponde así coordinadamente a las autoridades que lo han venido haciendo con esmero, así como a los fieles que son los primeros usuarios de los templos.

Por ello fue importante que en el evento de la entrega de las ogras estuviera presente el obispo Faustino Armendáriz Jiménez así como representantes de diversos movimientos laicales quienes reconocieron el esfuerzo realizado, y la trascendencia del empeño en dar adecuado mantenimiento a obras de siglos anteriores que continúan siendo memoria y cuenco del ser comunitario de nuestra entidad.

Vale destacar que en la actual administración que preside Francisco Domínguez Servién la inversión en restauración de sitios y monumentos históricos de la entidad se acerca a los 100 millones de pesos.

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