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Opinión

QUERÉTARO INÉDITO GRABACIONES SELECTAS Y EL DISCO DE ACETATO (I)

POR: DAVID RAFAEL ESTRADA CORREA. A principios de la década de los sesenta, pocos establecimientos comerciales vendían en Querétaro discos de vinilo.

Entre ellos: la Agencia RCA Víctor (Juárez Norte 57), Adrián Díaz Córdoba (Madero 37), Sears Roebuck (Juárez y Rivera del Río) y La Ciudad de México (Madero esquina Juárez).

Los discos de vinilo, una especie en extinción en la actualidad, era un formato de reproducción de sonido basado en la grabación mecánica analógica, y durante la segunda mitad del siglo XX gozaron de gran aceptación entre el público melómano de todo el mundo.

Sus tamaños y contenido eran variables: un single (sencillo) medía 7 pulgadas (17.

3 cms), contenía una canción por cara y era grabado a 45 RPM (Revoluciones Por Minuto); el maxi single, de 12 pulgadas (30 cms), con una sola canción por cara, grabado en 33 RPM, era el formato mayoritario en el que se editaba la música utilizada por los disck-jockeys en sus sesiones; y el Long Play o LP, de 7, 10 o 12 pulgadas, con 5 o más canciones por cara, normalmente grabado a 33 1/3 RPM, era el más comúnmente adquirido por el público audiófilo.

En 1961, por ejemplo, en Radio Surtidora del Hogar (Madero 45), los últimos éxitos musicales de Monna Bell (“La montaña”), Virginia López (“Si te doy mi corazón”), Gloria Lasso (“La cigarra”) y Marco Antonio Muñiz (“Escándalo”), se podían adquirir desde $18.50 y, en precio de promoción, la Agencia RCA Victor ofertaba dos discos ‘del momento’ por $28.00.

En ese mismo tiempo, los queretanos sintonizaban las estaciones radiofónicas XEJX y XENA.

Y uno de los programas más gustados era “Coctelera Musical”, transmitido a las seis de la tarde, con ‘lo último de la nueva ola juvenil’.

El queretano Víctor Blanco Labra, un rocanrolero de corazón que en los años sesenta acuñó el término ‘rock en español’, recuerda de aquellos tiempos: “Me gustaba escuchar una estación de radio que transmite desde un edificio del centro.

Como me hice amigo del que hace la programación, me dejaba escoger los discos que más me gustaban.

De este tiempo me gustan el ‘Mambo del ruletero’, el ‘Mabo número 5’, el número 8 y ‘Qué rico mambo’.

Aunque me gusta mucho el ‘Mambo Universitario’ (claro, estudio en la Universidad), en secreto me gusta más el ‘Mambo del Politécnico’.

Le quedó mucho más suave a Damaso (Pérez Prado), tiene más ritmo: todos los días ruego porque no se enteren mis cuates de esto o me llamarán traidor”.

A finales de la década de los cincuenta, María Teresa Ortiz Olvera (1931-2007), una joven inquieta y entusiasta egresada de la Escuela de Comercio de don Enrique Martínez y Martínez, trabaja como secretaria de don Luis Sosa, el gerente de la Hostería de la Marquesa, lugar donde se percata de los reiteradas solicitudes de música ‘popular’ que los clientes hacen a una conocida tienda de regalos que se ubica en la planta baja de la negociación.

Curiosa, María Teresa escuchaba las peticiones de música de los Teen Tops, Los Rebeldes del Rock, Angélica María, Alberto Vázquez, Cesar Costa, Enrique Guzmán, Javier Solís y Pedro Infante, entre otros, a través de un interfón que comunica a la exclusiva tienda con la gerencia de la Hostería en la que trabaja.

Y la respuesta, casi siempre, era la misma: “Lo sentimos, ese disco no lo tenemos.

Aquí solo vendemos música clásica y muy selecta”.

– Don Luis, ¿no sería bueno que la tienda ampliara su repertorio musical?, preguntó alguna vez la joven al pomadoso gerente.

– ¡Para nada! Nosotros somos muy exclusivos, y esa música no la podemos vender aquí, respondió de inmediato don Luis.

Creyendo haber encontrado el filón de un negocio poco explotado en Querétaro, María Teresa decidió ahorrar para independizarse y abrir una tienda que ofreciera los discos que la clientela demandaba.

Y así, a mediados de 1961 la futura empresaria renunció a su trabajo en la Hostería de la Marquesa y se fue a la ciudad de México para adentrarse en el ambiente discográfico, un mundo hasta entonces desconocido para ella, pero que a la larga resultó fascinante y cautivador.

Con mente visionaria, la queretana de apenas 30 años de edad estableció en el Distrito Federal contactos con los directivos de las principales compañías discográficas de la época, ofreciéndoles introducir en el mercado local su amplio y hasta entonces poco conocido repertorio: Pedro Infante, Lola Beltrán, Lucha Villa y Chavela Vargas en el caso de Peerles; José José y José Alfredo Jiménez en la RCA; y Juan Torres, las rondallas y las estudiantinas universitarias, para Musart.

Con el dinero que había ahorrado, Ortiz Olvera rentó un zaguán en la avenida Juárez, frente al entonces Jardín Obregón (hoy Zenea), el cual acondicionó como local comercial, le colocó una caja registradora en la entrada, enormes espejos para simular mayor espacio y, con la mercancía que había comprado en la ciudad de México, organizó estratégicamente los anaqueles que mostraban a la clientela cientos de discos de vinilo que en pocas semanas se convirtieron en los más escuchados y vendidos de la capital queretana.

La sencilla inauguración de “Disco Tiendas” se realizó el mediodía del domingo 17 de diciembre de 1961, una semana antes de la Navidad, cuando en todo México -y en Querétaro gracias a María Teresa Ortiz- se escuchaban temas como “Pólvora” y “Chica Alborotada” con los Locos del Ritmo; “Popotitos” con los Hooligans y “Presumida” con los Teen Tops.

Las excelentes ventas de fin de año confirmaron a María Teresa que no había errado el camino.

Y poco a poco, un sueño se fue transformando en realidad.

NACE GRABACIONES SELECTAS Durante un lustro, de 1961 a 1966, “Disco Tiendas” operó en la avenida Juárez, junto al entonces Banco de Comercio.

María Teresa Ortiz aseguraba que no sabía con exactitud como fue que decidió cambiar el nombre de su tienda de discos, pero lo cierto es que, casada con el lema “si no lo tenemos, se lo conseguimos”, y coincidiendo con el cambio de ubicación en 1966, ahora en el número 6A poniente de la calle 16 de septiembre, fue que decidió rebautizar a su negocio como “Grabaciones Selectas”, a partir de entonces conocida como “la mejor discoteca de Querétaro”.

Siempre buscando ofrecer novedades a la clientela, la empresaria ideó colocar semanalmente en la parte más visible de su local una pizarra con la lista de Los Discos más Vendidos de la Semana, convirtiéndose, al paso del tiempo, en la referencia obligada de todo aquél melómano que acudía a adquirir alguna novedad.

Platica María Teresa Delgado Ortiz: “Mi madre, además de empresaria, tenía algo de psicóloga.

Apenas veía entrar a un cliente, a lo lejos lo analizaba tratando de adivinar el tipo de música que le podría gustar.

Enseguida, con gran discreción, pedía a la persona que ponía la música en la tienda, que tocara determinado disco, determinada canción.

Y siempre le resultó.

O era el tipo de música que el cliente estaba buscando, o era algo similar que terminaba comprando.

Era muy atinada”.

El 8 de mayo de 1969, gracias a la aceptación del público, “Grabaciones Selectas” amplió su local de 16 de septiembre.

Y para festejar el acontecimiento, invitó a cantar en sus ya más espaciosas instalaciones, a un joven y desconocido cantante, que tenía una voz excepcional y acababa de grabar su primer disco para la RCA Víctor, bajo la supervisión de los compositores Rubén Fuentes y Armando Manzanero: José José.

En el nuevo local de “Grabaciones Selectas”, un delgadísimo José José cantó para los queretanos por primera vez los temas “Pero te extraño”, “Cuidado” y “Del altar a la Tumba”.

Y aun cuando la presentación del cantante causó conmoción entre la ‘chaviza’, pocos imaginaban que apenas unos meses más tarde ese delgaducho muchacho se convertiría en un cantante de fama nacional, tras el lanzamiento de su primer éxito, “La Nave del Olvido” (1970).

CONTINUARÁ.

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