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Vida Social

El artesano de los pies

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“Se puede decir que me gustan las cosas difíciles, nunca fui de meterme en algo que resultara fácil, me gustan los desafíos, me gusta no estar dentro la media. Yo veía a todos los chavos y chavas que estaban conmigo y decía: “híjole, voy a terminar en el mismo rubro con todos estos.” Y la verdad que no es mi manera de ver las cosas, a mí me gusta en algo “novedoso”, entre comillas porque esto es muy viejo, pero como se ha dejado de hacer, se ha vuelto novedoso en cierto aspecto”.

“El zapato como persona que lo hace, es un conjunto de habilidades que para mí son hermosas, todo el proceso requiere de habilidades muy diferentes, yo soy una persona que por mi formación la matemática me ha cautivado, y cuando uno cree que se mete a estas cuestiones artesanales, artísticas, piensa que no existe nada de matemáticas detrás de todo eso, y sí hay, hay creación, hay matemáticas, hay emociones, yo siempre le digo a la gente, esto para mí fue una escuela de paciencia porque mis primeros zapatos era la ansiedad que me ganaba por terminarlos, por vestirlo y por lo que fuere, pero poco a poco me daba cuenta que si me tomaba más el tiempo para hacer las cosas mejor, el resultado iba a ser de mayor calidad y mejor visto, ahí en ese aspecto fue un desafío propio de contener toda esa energía y saber como canalizarla y administrarla para que las cosas me salgan bien, es un desafío y un desarrollo como ser que me ha elevado, personalmente”

 

Por Sergio Hernández

 

Es argentino, dedicado en algún tiempo a las finanzas, luego exploró el dibujo, y después la cantada. Hoy sus manos hacen zapatos. A la medida, de forma artesanal, en su taller.

No le gusta que le impongan la denominación de artista “trato de no catalogarme en nombres. Yo hago zapatos y los hago de la mejor manera que puedo, y sé que tengo mucho que aprender, pero también sé todo lo que aprendido y lo que me faltaría. Soy un bicho raro encerrado en cuatro paredes”, así se engloba Martín Castez.

Pero agrega: “uno es ambicioso en ese aspecto, cada día quiero perfeccionarme y ser más perfeccionista. Por ahí la gente me dice “que lindo, se ve increíble un determinado zapato y yo veo un montón de cosas que corregiría”.

Llegó a México hace tres años y medio “la gente tiende a hacerme la misma pregunta y presupone o supone que este oficio es de familia o es heredado o es una pasión que estuvo así de toda la vida, muy por el contrario, mi historia es muy diferente, yo trabajaba y me dedicaba a las finanzas, estuve trabajando unos catorce años y como siempre les digo estuve bien así por un tiempo, pero ya luego no estuvo muy bien, en lo ecómico sí, pero en la realización personal no”

Buscaba otras cuestiones, más personales y paulatinamente fui reorientándome o buscando hacia dónde dirigirme el resto de mi vida o el resto del tiempo, en ese traspaso de un mundo al otro empecé a buscar qué hacer, las únicas referencias que tenía, porque no tenía muchas referencias. Empecé con dibujo, que era algo que hacía de chico, de manera muy intuitiva porque no tenía ningún tipo de formación ni nada, pero siempre me gustó dibujar. Siempre me gustó la música, la música siempre ha sido una compañía. Y también siempre tuve alguna conexión, mi mamá diseñó ropa en una época, tenía un negocio de ropa para niños y adolescentes, entonces siempre anduve como inmiscuido en ese mundo de la moda, o, mejor dicho, de la ropa, del vestir y creo que no sé cómo, porque ya no recuerdo, pero entre hacer ropa y hacer zapatos, yo creo que lo que me determinó fue el no conseguir zapatos; en general no consigo muy fácilmente ropa o zapatos porque soy alto y delgado, entonces o queda por ahí un poquito grande de aquí o queda un poquito chico de allá.

En su taller, donde por cada par de zapatos se tarda entre 80 a 100 horas, Castez asegura que la industria de la moda es un poco maligna pues se dedica a un tipo de gente y si te sales de esa norma, se hace difícil vestir bien o cuadrar con lo que proponen; de alguna manera siempre anduve batallando con eso. Tenía mis ideas de cómo y que vestir, y entonces terminé haciendo zapatos, y me gustaba más el tema de hacer zapatos por lo que involucra el oficio:  “de chico me pasaba muchas horas trabajando con herramientas, haciendo cosas manuales, entonces intuitivamente se fue dando todo, como está selección poquito a poco de cosas, me fue derivando a la zapatería”.

Señala que hace zapatos desde el 2011, empecé en Argentina en una escuela de zapatería, empecé a formarme ahí. Luego me di cuenta que había una parte industrial, a la cual mucha gente le entra porque le convence esta idea hacer hacerse diseñador, conseguir un inversor, y le entran con su marca, y ya se dedican al marketing y al diseño, pero no les gusta meterse a lo rudo: martillarse un dedo, clavarse por ahí o magullarse por el mismo trabajo, y a mí era la parte que me gustaba ocasionalmente, como que veía que todo el mundo se dedicaba al diseño pero nadie a lo que es hacer el zapato.

“Se puede decir que me gustan las cosas difíciles, nunca fui de meterme en algo que resultara fácil, me gustan los desafíos, me gusta no estar dentro la media. Yo veía a todos los chavos y chavas que estaban conmigo y decía: “híjole, voy a terminar en el mismo rubro con todos estos.” Y la verdad que no es mi manera de ver las cosas, a mí me gusta en algo “novedoso”, entre comillas porque esto es muy viejo, pero como se ha dejado de hacer, se ha vuelto novedoso en cierto aspecto”.

Muestras sus zapatos, únicos y la manera como los hace y sostiene: “yo            quería volver o renacer esta cuestión de la zapatería, ligado también a mi manera de ver, me gusta lo poco, pero lo bueno. Soy de las personas que creen que uno tiene que saber quién es y el dinero que tenga gastárselo en lo que realmente le gusta; si es un coche, pues el coche que uno pueda acceder, y si a uno le gusta la comida que vaya a comer a los restaurantes donde uno quiere realmente comer”.

Es indefectible, sostiene, que lo material esté en un mundo donde lo material es tan preponderante, lo que yo creo es que estamos invadidos por información, nos imponen personajes, por ejemplo, de repente uno quiere jugar tenis y se tiene que comprar esta raqueta, estos pantalones, estos tenis, y a los tres meses nos aburre. Yo creo que hay una imposición muy fuerte, yo creo que la experiencia que uno tiene que vivir en la vida es al revés, que venga de adentro hacia a fuera, en el sentido de decir ¿qué me gusta realmente? Y eso que me gusta puede varias, no es estático tampoco, ni caro, ni barato. Yo tengo clientes que, digo el precio de mis zapatos no es el que uno está acostumbrado a oír, pero tengo clientes que tienen mucho dinero y pueden pagarlo, pero tengo también clientes que tal vez ahorran para darse su gusto a los zapatos, porque es un placer que tienen.

Para mí el zapato, afirma, como persona que lo hace, es un conjunto de habilidades que para mí son hermosas, todo el proceso requiere de habilidades muy diferentes, yo soy una persona que por mi formación la matemática me ha cautivado, y cuando uno cree que se mete a estas cuestiones artesanales, artísticas, piensa que no existe nada de matemáticas detrás de todo eso, y sí hay, hay creación, hay matemáticas, hay emociones, yo siempre le digo a la gente, esto para mí fue una escuela de paciencia porque mis primeros zapatos era la ansiedad que me ganaba por terminarlos, por vestirlo y por lo que fuere, pero poco a poco me daba cuenta que si me tomaba más el tiempo para hacer las cosas mejor, el resultado iba a ser de mayor calidad y mejor visto, ahí en ese aspecto fue un desafío propio de contener toda esa energía y saber como canalizarla y administrarla para que las cosas me salgan bien, es un desafío y un desarrollo como ser que me ha elevado, personalmente.

Y como usuario de zapatos, dice,  creo que es una prenda, no lo digo yo, creo que está instalado en el público, es una prenda como la frutilla del postre, lo que destaca, por ejemplo, uno puede venir muy casual vestido y tener un par de zapatos diferentes, con algún toque diferente y atrae mucho la atención, eso me pasa muchísimo. No es el zapato, no es que gente conozca de zapatería, que admire mis zapatos o les guste, cualquier persona, sin importar ni el nivel económico ni el nivel social que tienen, se siente atraída ante algo que es cultural, los zapatos son una cultura definitivamente, toma formas, dimensiones, entonces yo creo que ese ojo humano traspasa cualquier tipo de barrera.

El zapato surge como una necesidad, de calzar y protegerse del suelo, si uno se va a vivir a un lugar frio, el zapato tiene que estar adecuado para esto, en definitiva, la funcionalidad número uno es cuidar esa parte del cuerpo que nos va a sostener y nos va a llevar por el resto de nuestras vidas; los pies son una parte del cuerpo complejísima, con muchísimos huesos y músculos, increíblemente, como toda la anatomía humana, que tiene un equilibrio y una perfección que es admirable, uno se para día a día en los pies y se levanta y se pone en los pies. Hay un dicho muy conocido por los zapateros que dice, “más vale que le inviertas a los zapatos porque uno está durmiendo o parado”.

Señala que hay mucha gente que tiene como referencia para hacer sus zapatos, pero no son las grandes marcas, pues ellas  copian y capaz quea un artesano solito en el medio de Italia, Londres, Japón, inclusive México, porque México tiene su tradición de sus botas vaqueras, tal vez hay un zapatero de botas vaqueras en el norte, que es donde más se da, tal vez viene alguien, lo mira, ve algo que le gustó y lo lleva a la industria y dice “que buena la moda, lo innovador” pero lo innovador es de un pobre desconocido. Sí hay mucha gente poco conocida o casi nada de conocida y están en todos lados del mundo, zapateros en Japón, que tienen un nivel, que para mí hoy en día es lo más sublime que existe en la zapatería, la cultura japonesa todo lo que absorbe lo eleva a otro nivel, lo cual es muy bueno porque a uno le exige y se contagia de eso. Tengo muchos zapateros japoneses que sigo y admiro y que me motivan a perfeccionar lo que yo hago, porque veo el nivel de calidad de trabajo, en seguida me doy cuenta de la belleza que eso implica.

 

De 80 a cien horas

Castez señala que el oficio de la zapatería lleva mucho tiempo: hacer un zapato lleva mucho tiempo y mucho esfuerzo, más o menos, ochenta o cien horas, depende mucho el modelo, si es nuevo, si es un desarrollo completamente innovador. Todo ese tiempo que vuelco o volcamos a fabricar un par de zapatos es tiempo que no le dedicamos al marketing, yo creo que mi tarea para la venta, es una venta sincera porque yo muestro lo que hago, como lo hago, los materiales que utilizo, por el contrario, a veces de las marcas que muestran el producto final, lo bonito de su lugar, donde tienen instalado su negocio o en el mejor local en Miami, New York.

No vendo yo directo a tiendas, mi fabricación es persona-persona, vienen los clientes, yo les tomo las medidas, converso con la persona, ¿qué es lo que busca? ¿en qué piel? Le propongo detalles que se ven en la zapatería artesanal pero que nunca se verán en la zapatería industrial. No es lo mismo hacer un zapato para un juez de edad avanzada que vive en el D.F., ¿los quieres para salir? ¿lo quieres para el día, para la noche, versátil? ¿Qué tipo de piel quieres? Veo el tipo de vestimenta que usa mi cliente, para desentonar, no romper tu idea de zapatería con mi idea, trato de hacer como una idea y vuelta de conversar para obtener cierta información del cliente, cuáles son sus gustos, poder sugerir algunas modificaciones. Yo a veces tengo clientes que me dicen “el zapato de punta fina no quiero, porque me aprieta los dedos” y yo les digo “no te preocupes porque la zapatería a medida viene a romper con eso” esto pasa porque en la industria uno tiene un ancho solo y sino le acomodo el número adecuado para él ya empieza con los sufrimientos, acá se rompe con esto. Mis zapatos tienen que ser cómodos, aunque el calce perfecto no existe, la verdad.

Humilde dice: “Yo no me pongo el nombre de artista, a veces los nombres un poco me incomodan porque luego hay debates si es o no artista, yo trato de no catalogarme en nombres. Yo hago zapatos y los hago de la mejor manera que puedo, y sé que tengo mucho que aprender, pero también sé todo lo que aprendido y sé lo cómodo que me siento y lo que me faltaría; uno es ambicioso en ese aspecto, cada día quiero perfeccionarme y ser más perfeccionista. Por ahí la gente me dice “que lindo, que se ve increíble” y yo digo “híjole” yo veo un montón de cosas que corregiría”.

Lo que sí te puedo decir es que, si alguien tiene el dinero para pagar una marca cara, yo diría que, ni si quiera vengan a mí, que vayan con cualquier artesano de zapatos, que conozcan su trabajo, que vean como está hecho, que averigüen lo que es un zapato bien hecho porque hemos perdido esa cultura del conocimiento, esto va también con esto que nos empapan de información inútil. Yo siempre digo, doy el mismo ejemplo, nuestros abuelos se hacían los trajes, porque no estaban las marcas casi y cuando nuestros abuelos iban al sastre, sabían y tenían conocimiento de las telas, de los precios, de las calidades, sabían lo que les vendían, hoy en día compramos simplemente porque se ve bonito el local, porque la marca tiene renombre y la usa un actor o una actriz y nos da prestigio, yo les recomendaría eso, si la gente tiene el poder adquisitivo para pagar una marca así, yo creo que nunca va a obtener la misma satisfacción que tener una relación con un zapatero que le haga de por vida sus zapatos, a su gusto, con sus ideas, con sus locuras aplicadas al zapato y va a ganar un amigo también.

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