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Remendada pero vigente

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POR LUIS MONTES DE OCA Noticias El CII aniversario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, conmemorado en el mismo lugar donde fue aprobada por el constituyente en 1917, dejó en claro varias cosas, entre ellas que año con año se matiza sobre los mismos temas y necesidades y la idea siempre presente de crear una nueva carta magna, después de más de 700 reformas.

Antes del acto solemne, en el recinto republicano se advirtió la ausencia de nuestros exgobernadores: Antonio Calzada Urquiza, Mariano Palacios Alcocer, Enrique Burgos García del PRI y de los panistas Ignacio Loyola Vera y Francisco Garrido Patrón, para cerrar con José Calzada Rovirosa, del Revolucionario Institucional.

En una calma aparente, dada la expectativa por el arribo del primer presidente de México emanado de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, y su gabinete y gabinete ampliado, las senadores y diputados, en su mayoría de la aplanadora de Morena, en el recinto se formaban corros de cordiales saludos y buenas voluntades.

Así mientras en la última fila se encontraban algunos alcaldes queretanos, entre ellos Enrique Vega Carriles (El Marqués) y Alejandro Ochoa Valente (Colón), en la antepenúltima se encontraban los secretarios del gobierno estatal: Romy Rojas y Paulina Aguado, de la Sduop y Secult, conversaban sin perder detalle de lo que acontecía, mientras que María Alemán, diputada federal, con un vestido rojo, hacía lo propio.

Josefina Vázquez Mota y Ricardo Monreal, senadores, entraron juntos al recinto, por lo que de la asistencia surgió el comentario: “pues no que ya era Primor y que suena mejor que Prian”, pero unos instantes después se diluyó el binomio y cada quien se fue con su cada cual.

Juan German Torres Landa, en primera fila, charlaba amigablemente con el fiscal Alejandro Gertz Manero y con Javier Jiménez Espriú, más todos los que pasaban a saludarle.

Arriba, y a minutos antes de que diera inicio el acto, Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, llegó vestida a la reminiscencia de Frida Kahlo, envuelta en un sobre todo y Claudia Pavlovich, gobernadora de Sonora, lucía un vestido corto, rojo, con su rubia cabellera.

Como es costumbre se pidió a la concurrencia que colocara sus móviles en modo de vibrador —así dijeron— y sí, se hizo caso pero durante todo el evento no dejaron de moverse los pulgares sobre le diminuto teclado.

No hubo entrada triunfal, sino sinuosa, sobre todo para Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Cámara baja y para Olga Sánchez Cordero, titular de Segob, quienes fueron auxiliado para llegar a la mesa de honor.

Manuel Barttlet Díaz, director general de la CFE, tuvo menos dificultad, porque se quedó en las primeras filas y no enfrentó la escalerilla de los martirios para el gabinete.

Todo estaba dispuesto, vinieron los discursos tras los honores a la Bandera Nacional: Francisco Domínguez Servién, a quien le acompaña la cortesía y se abrocha el saco cada que va a saludar y lo desabotona para sentarse, hizo uso de la palabra, mientras Porfirio Muñoz Ledo se detenía la mandíbula por los movimientos de cabeza propios de sus 84 años bien vividos, casi 85 y el presidente Andrés Manuel López Obrador escribía y dibujaba sobre algunas hojas con un bolígrafo plateado, mismo que abandonó para aplaudir al mandatario estatal.

Siguió en el orden de oradores oficiales la secretaria Olga Sánchez Cordero y mientras hacía una alocución histórica de la Constitución, el presidente López Obrador escribía y escribía y Muñoz Ledo se detenía la mandíbula y la asistencia le daba duro al Whats App.

El ministro Arturo Saldívar Lelo de Larrea, hizo un algaido discurso de necesidades y compromisos, mientras Andrés Manuel López Obrador y Porfirio Muños Ledo, seguían en su práctica, de escritura y detención de quijada.

Ambos cambiaron su actividad cuando tocó la palabra al presidente de la cámara de Diputados (Porfirio Muñoz Ledo) a quien le llevaron el micrófono a su lugar para tejer una bella, interesante y por algunos momentos hilarante pieza de oratoria, con más tablas que un floreciente negocio de tarimas.

Terminado su discurso, el presidente del Senado, Martí Batres Guadarrama pasó al pódium y entonces Andrés y Manuel regresaron uno a segur escribiendo y el otro a detenerse la quijada.

Los plausos se seguían al término de cada intervención, pero hubo pocas, casi ninguna interrupción de andanadas de aplausos, como se acostumbraba antes de la 4T.

Llegó el momento esperado… el presidente Andrés Manuel López Obrador, dejó de escribir, para pasar a la tribuna de la elocuencia y hablar de sus realidades, destacando que hace falta una nueva constitución y que si bien no es el momento, si sería bueno formar otro constituyente para la cuarta constitución de México, cuando ellos entreguen la estafeta.

Narró un episodio del cierre de un periódico “El Hijo del Ahuizote” cuando Porfirio Díaz Mori mandó a quemar la imprenta y los Flores Magón colgaron una manta que decía: “la Constitución a muerto” y reviró: aquí no ha muerto la constitución, ¡viva la Constitución! ¡Viva México! —Por tres veces—.

La ovación fue prolongada y luego vino la desbandada.

Al último, con toda la dignidad y la inteligencia encima, caminaba lento y auxiliado Porfirio Muñoz Ledo, quien pidió a sus asistentes: “Llévenme a una placita donde al fondo está un restaurante en el exterior”, y sí, enfilaron la lenta caravana el 1810 en un Querétaro sin tanta vigilancia y con un ánimo de fiesta republicana donde se conmemoró nuestra remendada pero vigente constitución.

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