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Nacional

LA POSIBILIDAD DE SER FELICES

Publicado

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PRISCILIANO HERNÁNDEZ CHÁVEZ, CORC.

El anhelo de ser felices es inherente natural a la esencia del ser humano.

Todos queremos ser felices de distintos modos y maneras.

Por eso abundan los agoreros de la felicidad, vendedores como en otro tiempo los sofistas, ofrecían el artículo de sus conocimientos sofísticos, atractivos al oyente, a cierto precio, como si de una mercancía se tratara.

Es el slogan, como canto de sirenas del cual debía tener cuidado Ulises,-Odysseus rey y héroe legendario de Ítaca e hijo de Laertes, esposo de Penélope,- en su travesía de retorno a su patria, según la Odisea de Homero; ha de sortear los peligros de su navegación, advertido por Circe para no perecer por el canto fascinante de las sirenas,-seyrenes, lo encantador y frustrar así su propósito.

Después del engaño, de la pérdida de tiempo y recursos, viene la desilución.

Los mercaderes de la falsa felicidad, lo saben.

Su único propósito es la ventaja y la utilidad.

Jesús propone un camino escandaloso de felicidad, que contradice la mundanidad de las ofertas del poder, del placer, del exíto y del dinero, del canto nuevo de las sirenas de siempre, en el camino de la vida.

“Dichoso el que no se escandalice de mí”, nos advierte.

Nos ofrece sus bienaventuranzas que encarna él mismo en su vida.

El cerrarse a ellas, es cerrarse al mismo seguimiento de Jesús, Ley Fundamental y Carta Magna para quien desea ser su discípulo y alcanzar la felicidad.

Es diríamos, el núcleo central de la enseñanza evangélica; ésta es la buena nueva para la humanidad de todos los tiempos.

Esta palabra es poder salvador de Dios (Rom 1,16).

No puede ser cambiada ni por un ángel del cielo (Gál 1, 7-9).

La visión de este tema, aunque lo implique no puede reducirse a una mera comprensión intelectual, un mero saber; es necesaria la actitud de escucha y de apertura radical del corazón ante la Palabra que Dios nos dirige de modo personal.

Corremos siempre el peligro de adhesión a una mera idea y podemos caer en la ideologización de la doctrina de Jesús, cuando la fe es adhesión a la persona de Jesús, a su palabra y vida, adhesión a su muerte y resurrección, que no es una ética ni una doctrina aunque las implique,- como nos enseñaba el Papa Benedicto XVI.

Las Bienaventuranzas , nos dice Francisco María López Melús, “son una aventura arriesgada, y sólo tienen sentido a base de una gran amistad e identificación con Jesucristo”, en su libro “Las Bienaventuranzas, Eclosión de Amor”.

Las han vivido los santos, cristianos de peso completo, en la feliz expresión de Joaquín Antonio Peñaloza.

Para Gheorghiu, en su obra “Dios sólo recibe los domingos” , nos dice que “tratándose de amor, de fe y de caridad nos se tiene derecho a ser razonable.

Aquél que ama razonablemente, no tiene bastante fe.

Y el que ayuda a su prójimo con mesura, no le ayuda bastante.

La razón es buena en matemaáticas, en la diplomacia, en la administración y en todas las cosas pequeñas de la vida.

Lo razonable mata todo lo que constituye la grandeza del hombre.

No se puede ser sublime, o alcanzar lo sublime, razonablemente”.

Por eso las Bienaventuranzas no es opinión corriente.

El Papa Francisco nos ofrece páginas lumiosas sobre este tema en el capítulo tercero de su carta apostólica “Gaudete et Exultate”, -alégrense y regocíjense”: A la Luz del Maestro.

En ellas se dibujan su rostro que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas (cf n.63).

“La palabra “feliz” o “bienaventurado”, pasa a ser sinónimo de “santo”, porque expresa que la persona que es fiel a Dios vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha” (n.64)… “las podemos vivir si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad , del orgullo”( n.65).

“Ser pobres de corazón esto es santidad” (n.69); así todas y cada una de las Bienaventuranzas son santidad.

En su viaje a los Emiratos Árabes Unidos, el Papa Francisco ha trabajado por la paz.

De la palabra al hecho: éste es el dabbar divino.

Los pacíficos son fuente de paz, construyen paz y amistad social.

La unidad es superior al conflicto.

Nos da el consejo: “ construir la paz es un arte que requiere serenidad, creatividad, sensibilidad y destreza” (n.88) .

Él nos ha puesto el ejemplo de modo especial en este viaje por el entendimiento y la fraternidad con los islámicos.

Su encuentro con el Príncipe heredero, las autoridades locales y con la autoridad religiosa personificada en el gran Imán de Al Azhar, Ahmed al Tayeb para celebrar en Abu Dhabi el Encuentro de Fraternidad Humana.

El Príncipe Heredero regaló al Santo Padre el acta notarial para la construcción de una iglesia cristiana.

El Papa Francisco señaló: “en el nombre de Dios para salvaguarda la paz necesitamos entrar juntos en una misma arca, para navegar los mares tormentoso del mundo…el arca de la fraternidad”.

Se reunió con el Consejo de Ancianos que también buscan acabar con la violencia.

Dijo en su mensaje: “he aceptado la ocasión para venir aquí como un creyente sediento de paz, como un hermano que busca la paz con los hermanos”.

“Construimos el futuro juntos o no habrá futuro”.

“La paz y la justicia son inseparables.

La paz muere cuando se divorcia de la justicia, pero la justicia es falsa si no es universal”.

Se constuirá una iglesia cristiana y una mezquita, una junto a otra, para promover la fraternidad.

Se firmó una Declaración sobre la Fraternidad Humana, el Papa y el Gran Imán.

En la misa, la primera en la cuna del Islam, el Papa explicó este mensaje de las Bieneventuranzas contextualizadas en ese ambiente y en nuestro hoy: “conservar La Paz, la unidad, de hacerse cargo los unos de los otros con esa hermosa fraternidad que hace que no haya cristianos de primera y de segunda clase”.

Bienaventurado el Papa Francisco que trabaja por la paz, como heraldo del Evangelio de Jesús.

Así se puede alcanzar a colmar el anhelo de felicidad, con el clamor del pobre al Espíritu Santo, que Jesús nos ofrece.

No valen prejuicios ni asegunes.

Si quieres ser feliz, ten corazón de pobre en el seguimiento de Jesús

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