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Tolimán: “el Viacrucis otomí”

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POR LUIS MONTES DE OCA Noticias El sol cae a plomo, el Cerro del Calvario en San Pedro Tolimán, la gente es un tumulto tras la cruz de Jesús y los romanos que lo fustigan a latigazos, es el mismo centro ceremonial donde cada 3 de mayo se hace la velación desde tiempos que no se precisan, cuando el cerro estaba pelón y el pueblo subía en las noches sólo alumbrados con lámparas de alcohol o gasolina, tampoco se colocaba el Chimal, porque eso tiene si mucho una década.

La voz es de Pedro Sánchez Martínez, el que toca el tamborcito que antecede a la procesión, junto con su amigo Isaías Ramírez, quien ejecuta la flauta: “esto empezó cuando yo tenía 15 años y ya tengo 78, fue el primer Viacrucis, porque sólo subíamos a velar a la Santa Cruz para el 3 de mayo.

No había nada, una cruz, era todo”.

Tolimán, uno de los pueblos otomí con mayor concentración indígena vive desde entonces su Viacrucis viviente, llega gente de sus comunidades: San Miguel, el Barrio de las Casas Viejas, El Molino, Casa Blanca y Bomintzá, que se suman a esta procesión a esta escenificación con más de cien actores en escena, que por primera vez dirige el Padre Luis Serrano, quien se encontraba en Pinal de Amoles y quien nos dice que el guion está basado en los cuatro evangelistas.

Bien caracterizados, los personajes viven el momento, se posicionan: Jesús: Emmanuel Zúñiga; Dimas: Miguel Ángel Guerrero y Gestas, Edgar Sánchez, se integran al reparto; la trágica historia se desarrolla con todo el pueblo.

Soldados romanos en sus caballos, los centuriones, los personajes centrales que hacen posible recordar a quien dio la vida para salvar a la humanidad.

Sus rasgos indígenas no se yuxtaponen con el concepto de santos blancos, de un Jesús rubio, porque este es un Viacrucis Otomí y así en esa complicada cuesta va María lamentando sus siete dolores, santa María Magdalena al lado, inseparable, la Verónica con el manto Sagrado; Judas que se escabulle entre los garambullos y nopales.

Pilatos, Herodes, Anás, Caifás permanecen en el pueblo, la muchedumbre va tras Jesús para verlo morir, para gozar, como se supone que fue en aquellos tiempos, cuando lo laceran, lo despojan de sus ropas, dejándolo solamente con su cendal.

El sol arrecia cuando se acerca la hora, los vendedores de paletas y bolis se mueven como lo debieron hacer los comerciantes originales, un ambulancia de CRUM está en la cima, los paramédicos regalan bolsitas con agua, nos dicen que no se han registrado problemas mayores, algunos insolados, y las policías destacan: todo en orden”.

Enfrente se ve La peña de Bernal, abajo el templo de San Pedro Tolimán, en las veredas niños que corren y juegan y en la cumbre la escenificación.

El Padre Párroco Luis Serrano lee los pasajes que se están reviviendo y cuando se levanta la cruz de Jesús se hace un solemne silencio, este pueblo otomí esté sufriendo al imaginar este hecho que cambió la historia del mundo, se advierte en sus rostros, en los puños.

Luego sube la cruz de Gestas y al último la de Dimas, el sol arrecia y los sollozos de María, al escuchar: “…Todo está cumplido”… “Jesús inclinó la cabeza y entregó el espíritu” —según

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