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El Marqués

El Pan de Dulce

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El Pan de Dulce

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En un lugar cercano a la cuesta del Cerrito Colorado, existe un obelisco al que muchos ubican como límite de la Cañada con la población de Hércules, resultando esto de una costumbre muy arraigada ante la imprecisión de una artificial separación, de lo que en el pasado era un solo campo verde que se extendía por ambos lados del rio, en donde abundaban los árboles frutales y se sembraban muchas flores tal como lo relata Guadalupe Ramírez Álvarez.

No debe extrañar, que lo muy notorio de esta construcción, sirva para tomarla como una señal divisoria entre dos poblaciones hermanadas por su mismo origen y por su misma historia paralela entre usos, costumbres y tradiciones, ya que en ambas poblaciones a este lugar se le atribuyen diferentes nombres, tejiéndose muchas historias y leyendas en torno a su misterioso origen, el que ante el desconocimiento de algo cierto, da como resultado que todo lo que de el se dice, resulta válido y veamos el por qué.

Algunos le llaman el “Pan de Dulce” al encontrarle parecido a una pieza de pan de manera caprichosa, que rompe con lo tradicional en la industria de la panadería, pero con algo de imaginación podría esta comparación ser dada por buena. “Pan de Dulce” resulta ser su nombre más conocido y hay quienes afirman que en algún tiempo un panadero copió su forma para elaborarla con masa coloreada de rojo, aderezada con grajeas de colores y espolvoreado con azúcar, y que este pan, réplica del monumento terminó dándole su nombre.

Entre los viejos pobladores de la Cañada era muy frecuente que se le nombrara como: “El Monigote”, como calificativo de que sus formas contrastaban en la oscuridad de la noche, cuando un grupo de obreros caminaban con rumbo a la fábrica de Hércules para entrar a las seis de la mañana. El llegar al Monigote, les significaba estar a la mitad del recorrido y calcular el tiempo apresurando el paso. El apresurar el paso al pasar junto al monigote, era también el resultado de las leyendas que ellos conocían de acontecimientos que se habían presentado a los que tenían que cruzar por este misterioso lugar.  Y se decía que algunos se habían encontrado una sombra de mujer que caminaba junto a ellos, la que sin  tocar el suelo los acompañaba a pocos metros de donde iban, y que, los que lograron verla de cerca, afirmaban que era una calavera.

Al no tener para el pueblo un origen definido, este monumento, es el que más nombres recibe por sus supuestos motivos de construcción, ya que se dice por igual, que es el monumento de la fundación de Querétaro, lo que no tiene una justificación válida por razones tan obvias. Si es para señalar la fundación, lo fundado está muy alejado de este lugar y en un sitio en el que ninguna crónica señala fundación alguna. De esto no existe ninguna justificación coherente y valida.

La siguiente es una de las versiones del origen de este enigmático monumento y es la que tiene mayor soporte histórico, al ser tomada por el historiador don Manuel Septién y Septién de la obra de Lucas Alamán, en donde refiere que los insurgentes  se acercaban  a aquellas inmediaciones por el camino de San Miguel el Grande y el comándate Flon destacó contra ellos una división de seiscientos hombres a las órdenes del Sargento Mayor don Bernardo Tello, compuesta de la infantería de Celaya, dragones de Sierra Gorda, la Compañía de voluntarios de Celaya formada en Querétaro por los europeos fugados de aquella ciudad, del que fue nombrado Capitán don Antonio Linares, y dos cañones.

Tello, creyendo que la fuerza de los enemigos no excedía de trescientos hombres, se dirigió a buscarlos; pero encontrando que no bajaba de tres mil, ventajosamente situados en el “Puerto de Carroza”, la división se dispersó, no quedando más que ciento ochenta hombres sin más oficial que Linares, el cual cargó al ataque con lo que se dio lugar a que la división se rehiciese en la tarde del 6 de Octubre. Sostuvo una acción en la que los indios, no conociendo el efecto de la artillería, se presentaban sobre ella creyendo defenderse con presentar en las bocas de los cañones sus sombreros de paja;  así fue grande la mortandad que tuvieron, siendo completamente desbaratados sin más pérdidas de los realistas, que la de un soldado de Celaya, muerto por casualidad por su misma artillería.

Este reencuentro, –aunque de poca importancia–, fue sin embargo considerado por los españoles como un gran triunfo, y para conmemorarlo, mandaron erigir un monumento, construido por los prisioneros insurgentes, el que aún existe en una plazoleta que se encuentra entre los pueblos de Hércules y la Cañada, y que consistía en un escudo de la ciudad de Querétaro y una placa labrada en cantera, que relataba el suceso, la cual se encuentra ilegible en la actualidad, por haber sido borrada intencionalmente su leyenda por los patriotas queretanos años después al triunfo de la Guerra de Independencia.

Esta historia, que parece ser la de mayor credibilidad sobre el origen del monumento, tiene también elementos a favor y en contra. Uno de ellos es el por qué, si el Puerto de Carroza se ubica por el rumbo de San José (Iturbide), lugar en donde se dio el magnificado encuentro entre insurgentes y realistas, decidiendo su construcción tal como lo relata Lucas Alamán, en un lugar tan alejado y sin ninguna relación con el hecho de armas. ¿Sería esto por prudencia o por precaución ante una posible revancha?

Analizando todo lo anterior, y sin menoscabo de la importancia histórica de este monumento, llámese Pan de Dulce, Monumento de la Fundación de Querétaro o como parte del Acueducto, su magia y su misterio, significan mucho para nuestra historia y tradiciones, y llamándole de acuerdo a como mayormente se le denomina, el Pan de Dulce con sus más de doscientos años de existencia, es por sí mismo un referente insustituible del acontecer queretano, cuando a la vera del Camino Real de La Cañada se ha mantenido erguido como una elegante mojonera, muy usadas en el pasado, y ya tal vez la única de todas las que carentes de estética, fueron desapareciendo para borrar el pasado.

El Pan de Dulce seguirá recibiendo la luz del sol al atardecer, y seguirá mirando hacia Querétaro por muchos años más, dando un silente testimonio de la grandeza de un pueblo primigenio del que en sus alrededores, con el tiempo se han desarrollado muchas colonias.

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