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Humor y juego, puente que une a Pancho Hinojosa con sus lectores

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Notimex

 

Con casi cuatro décadas de trayectoria, el escritor mexicano Francisco Hinojosa (1954) se siente satisfecho con sus logros, entre los que se cuentan dos importantes reconocimientos: el del público, que lo sigue a todas partes, y el de sus colegas que lo consideran el decano de la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ), un referente del movimiento que tiene unas dos décadas de producir historias más allá de príncipes y princesas o de fábulas moralizantes, y que ha volteado a temas tan sensibles como la muerte, la violencia o la migración, que afectan a las sociedades de las que también forman parte niños y jóvenes.

Entrevistado en su departamento de la colonia Condesa, un espacio acogedor lleno de madera y de libros de todo tipo, tamaño y color, Hinojosa rememora su pasión por la lectura y la escritura como algo que le llegó tarde, pues, admite, antes de los 16 años no había leído nada y fue hasta la accidental lectura de Crimen y Castigo, de Fedor Dostoievski, que se sintió flechado por las letras, con la certeza de que al terminar esa historia siempre habría otras por comenzar.

La lectura lo llevó a la escritura, dice a Litoral, ya que, tras haberse convertido en ávido lector, en algún momento se preguntó por qué no escribir sus propias historias, sin imaginar que sería el comienzo de una prolífica carrera en las letras, especialmente para niños y jóvenes, a quienes ha dedicado la mayor parte de su producción, integrada por poco más de 30 volúmenes, independientemente de su obra narrativa para adultos, sus crónicas, ensayos y colaboraciones para material escolar.

Había querido ser médico, pero finalmente se decantó por estudiar Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, lo que le brindó una bibliografía dirigida que lo fue llevando de la mano, primero para realizar adaptación de historias para público infantil y luego debutar con una obra original: Golpe de calcetín, de 1982.

Su camino, sin embargo, no ha sido siempre exitoso, por ejemplo, recuerda, antes de publicar La peor señora del mundo, su historia más conocida, hubo tres dictámenes que la consideraron una mala novela, irreverente, provocadora y sin posibilidades de ser publicada hace 27 años; hoy, ha sido puesta en escena una 50 veces, entre compañías de teatro escolar, semiprofesionales y profesionales. Tiene una película y es la que más lo representa en el mundo de las letras.

“Los cuentacuentos me dicen que es la que más pide la gente y eso es muy grato, sobre todo porque fue muy sorpresivo que tras publicarse tuviera tal recepción, cuando antes nadie la quería editar”, refiere Hinojosa, quien empezó a escribir poesía en la época en que recién abrió la librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, donde varios chicos se reunían para hacer sus pinitos literarios, cuando ni siquiera había computadoras, al menos no en todas partes.

Poco a poco, recuerda, su poesía comenzó a ser más prosística y entonces llegó al cuento, que es el género que más le gusta, con el que es más popular y lo lleva de feria en feria, como el mes de octubre que tuvo ocho escalas antes de llegar a la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ), donde presentó su más reciente título Inchi Farofe, que editó el Fondo de Cultura, un texto cuya idea surgió hace 15 años y que recién cristalizó a principios de año, cuando finalmente encontró como “darle la vuelta” a una palabra altisonante que no habría sido publicable.

Y es que Pancho no trabaja con prisas, su promedio es de siete años por libro, explica, pero realmente es muy variado, escribe muchas cosas de manera paralela, así que hay libros en los que tarda meses y otros que pueden tomar años, porque no publica nada que con lo que no esté enganchado, con lo que no conecte, por ejemplo, La peor señora del mundo salió en cinco horas, en tanto que De domingo a lunes tardó 14; así hay otros textos que de plano se han ido a la basura y algunos más que revisita, esperando el momento en que estén listos para ser escritos.

Lo importante, comenta, es que sean libros que diviertan, que inciten al juego, a reír, porque lo que busca como autor, tanto para niños como para adultos, es tender un puente con el lector a partir de situaciones llenas de humor negro, de aquello que propicie una complicidad, de otra forma, asegura, estaría en serios problemas.

“Yo no quiero inculcarle al lector mensajes ocultos ni valores, sino compartirles algo que a mí me entusiasma y poder comunicárselos, algo que los divierta y les haga click en la cabeza, para que definan qué hay con eso, qué importancia le pueden dar en su vida”, porque él hace libros para disfrutar, no para calificar o evaluar a sus lectores, como los que pertenecen a un sistema escolar que él considera ya obsoleto.

Sobre cómo ha logrado sobrevivir sin agotar las temáticas, suspira y recuerda que la LIJ se inició como tal hace unos 20 años, cuando las editoriales y las ferias del libro se comenzaron a interesar en el mercado infantil y juvenil, de entonces a la fecha se ha ido consolidando un grupo muy compacto de prolíficos autores, unos 80 que son constantes y están convencidos de que las temáticas son interminables.

“Yo lo veo con mis colegas, veo con mucha admiración que están ávidos de entregar nuevos temas a los niños; antes se pensaba que sólo princesas, príncipes, castillos, duendes eran temas para un libro infantil, pero hemos visto que los temas son infinitos, todo cabe, las desapariciones forzadas, la muerte, el divorcio, la diversidad sexual, porque todos los temas pueden ser tratados, siempre y cuando sea de forma adecuada. Son tan prolíficos que de verdad uno no alcanza a leer todo lo que se produce al año”, abunda Hinojosa, quien se congratula de la fraternidad que tiene el gremio, lo que les ha permitido trabajar en proyectos comunes en beneficio de todos.

Actualmente, adelanta, escribe varios textos a la vez, dos de ellos para adultos y uno más para niños que ya está adelantado; lo hace por las mañanas, pues son sus preferidas para pensar y teclear; ya que por las tardes prefiere leer o, como cualquier persona, ver películas, cocinar o seguir algún deporte, “me gusta el futbol, el béisbol, el box, pero ver todo me ocuparía todo el tiempo, así que trato de limitarme”, comenta Hinojosa, quien en 2015 fue embajador de FILIJ, donde este año presentó su nuevo libro y participó en un seminario sobre promoción de la lectura.

Allí defendió su premisa básica: los niños son niños y en todas partes pueden estar muy bien en su nivel de lectura, el problema es que los libros y los autores no pueden hacerlo todo, “son los padres, los maestros y los mediadores de lectura, a quienes toca inculcarles el amor por la lectura, no sólo colocarse la estrellita organizando foros con los que los chicos no se sientan atraídos”, asevera Pancho, el autor de libros como Léperas contra mocosos o el Manual para corregir adultos malcriados, entre muchos otros.

 

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