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El Marqués

Hacienda de Amazcala

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Siendo la Hacienda de Amazcala una de las más antiguas de por estos rumbos, ya que en el padrón general de pueblos y haciendas de 1791 aparece dentro de las más importantes de Querétaro, es de suponerse que en los dos siglos previos a esa fecha, pasó por diferentes propietarios, dada su gran importancia y sus magníficos rendimientos en cuanto a la producción de granos y su reproducción de ganado. Por el clima y por el tipo de sus tierras, se obtenían  buenas cosechas de uva de muy buena sepa, con las que se lograban vinos de muy alta calidad. Incluso se conoce también del cultivo de plantas de tabaco.

La muy conocida familia Sánchez de Tagle tenía en la Hacienda de Amazcala a un humilde administrador, el que por su dedicación y empeño, supo ganarse su confianza, y muy grande e inexplicable sorpresa les resultó, cuando les ofreció comprar todas sus propiedades pagándolas con monedas de oro y plata. La historia de este enigmático hombre está muy ligada a esta Gran Hacienda de Amazcala y merece ser contada para que se conozca, por increíble que parezca.

Originario de Tolimanejo hoy Colón, Amado Mota representa un enigma para la historia de Querétaro. Se afirma de su origen indígena otomí,  y que nace alrededor del año 1825, en una región que desde el año 1530 pretendió ser conquistada por don Fernando de Tapia y que, al no lograrlo regresó con el mismo propósito en 1550, con su intento pacificador. Intentándolo personajes como Martín de Zavala, don Jerónimo de Labra en 1682, don Francisco de Caraza, también en 1682, y en 1692 lo intenta Fray Felipe de Galindo con un grupo de monjes dominicos que, al igual que los agustinos, fracasaron en su intento evangelizador por la rebeldía de los indígenas.

De don Amado se afirma, que siendo muy humilde y sin mayores recursos, se desempeñó como arriero, teniendo unos burros con los que se ganaba el sustento, y que por la frecuente presencia de tropa, terminó sumándose a las mismas, cuando estratégicamente los oficiales manejaron la asimilación de indígenas, para que, de igual a igual, pudiesen entenderse con los rebeldes y difíciles pobladores de esta región, siendo otro el caso de  Tomás Mejía, quien logró figurar extra fronteras de la región de los Jonases, llegando hasta el grado de general.

La relación e identidad que se da entre los dos indígenas, Mota y Mejía. Llegan a identificarse e incluso se especula que fueron compadres, pero tomaron caminos muy diferentes: el General Mejía murió fusilado y en la más absoluta pobreza, a grado tal, que su familia pasó varios días con su cadáver sentado en una silla, sin poder sepultarlo por falta de recursos. En cambio, el señor Mota vivió en la opulencia.

¿Pero cómo logró un arriero indígena, sin escolaridad, amasar una de las más grandes fortunas que existieron en Querétaro? Hasta la fecha continúa cubierto este dato con un velo de misterio y no será fácil explicarlo. Provenía de una región en permanente conflicto, con habitantes, al igual que él, muy pobres. Las personas ajenas al sitio resultaban ser clérigos misioneros de escasos recursos, y las únicas actividades rentables eran las relacionadas con la minería, pero el producto de éstas, ante la inseguridad de la zona, era sacado a lugares pacíficos. Los comerciantes poco se aventuraban con sus ganancias y las fuerzas pacificadoras no tenían grandes sueldos, ya que éstos sólo les permitía sobrevivir.

Entonces, ¿de dónde sacaba grandes cantidades de monedas, cada vez que regresaba de la Sierra Gorda a su nueva residencia en Querétaro? El afirmaba que se lo entregaban las ánimas del Purgatorio, y dado que su mejor trabajo había sido ser jefe de una guardia tenía que ser real. Su fortuna crecía y la invertía y si en algún tiempo administró propiedades ajenas, llegando a manejar hasta 15 haciendas, a las que lograba hacer producir más que sus propietarios, ganando grandes sumas de dinero como producto de las diferentes actividades agrícolas o ganaderas, en forma muy exitosa, lo que resultaba muy creíble de que las ánimas del Purgatorio lo tuviesen bajo especial tutela.

Haciendas de suma importancia como El Lobo, El Zamorano Atongo, Alfajayucan, y Amazcala, los ranchos El Sauz, El Capulín, Presa de Rayas, San Rafael y otros tantos que pertenecían a la familia Sánchez de Tagle, personas de alcurnia y prosapia, las que ahora estaban vendiendo a un indígena al que la suerte le favorecía, ya que al presentarse conflictos hereditarios por la muerte de algunos miembros de la familia Sánchez de Tagle, les compró las propiedades. ¡Las ánimas del Purgatorio lo seguían protegiendo!

Nunca ocultó don Amado Mota su principal fuente de riqueza. Al contrario, lo externaba constantemente, tal vez como muestra de reconocimiento a sus protectoras las ánimas del purgatorio  y decía: “soy afortunado. Propiedad que compro, en ella me indican las ánimas en dónde está enterrado un tesoro, y lo encuentro”. Eso afirmaba él, la sospecha que siempre existió, era, que sabía dónde estaba oculto el dinero que se había reunido para tratar de pagar por la liberación del general Mejía, cuando estaba preso en Capuchinas.

Buena parte de su vida transcurrió alejado en las haciendas que compró, pero, una vez casado con distinguida dama, pensó en la comodidad de asentarse en Querétaro, adquiriendo varias propiedades, –no menos de 60–. Entre ellas, una amplia casa que durante años funcionó como mesón por sus múltiples habitaciones y a la cual transformó enriqueciéndola con muchos detalles de ornamentación y lujo, La Casa Mota, la que con dificultad se podían relacionar con el humilde arriero de Tolimanejo, al que ya la transformación había ocultado sus orígenes indígenas. Imposible dudar que el rico señor Mota tuviera raíces nobles. Sus gustos refinados por el arte, su forma de vestir y de vivir, no correspondían en nada al cerril y original Amado.

Le tocó vivir también el Sitio de Querétaro, en 1867, cuando, simpatizando con el refinamiento europeo, vio con agrado la presencia de Maximiliano, con el que existía afinidad y, además, conocía a uno de sus generales que lo acompañaban, su compadre Tomás Mejía, con el que se le vio en esta ciudad en varias ocasiones. Se refería que durante el proceso de los que serían fusilados posteriormente el 19 de junio de 1867, sostuvo entrevistas con el Gral. Mejía, quien le pidió hacerse cargo de su familia, lo cual le ocasionó problemas posteriormente al ser señalado por los republicanos como simpatizante del Emperador. Además, recogió  al hijo menor de Tomás Mejía, a quien le dio su nombre, continuando la sangre indígena en la refinada familia Mota.

Pasado el Sitio, se retira a su natal Tolimanejo durante muchos años vive en una finca que aún se conserva, y en la que se pueden apreciar sus iniciales. En esta etapa negra para Querétaro y sus habitantes, al ser considerados traidores y malditos por su simpatía con el Segundo Imperio, el Sr. Mota sufre las consecuencias. Pero siempre vivió agradecido con sus benefactoras, las ánimas del purgatorio.

La familia Mota, junto con su patriarca, Amado, continuó acrecentando sus bienes. Fincas, tierras, ranchos, casas, hasta la muerte del que resultara ser  el humano que sin duda –predestinado–, ha tenido más suerte para encontrar tesoros y, desde luego, para dejarlos también. Pero en su casa, en donde se dice que la familia de don Pascual Alcocer, buscó el tesoro, se ignora si lo encontraron. No se sabe nada. Tal vez las dadivosas ánimas del Purgatorio se cansaron ya de repartir dinero.

En la actualidad esta espectacular y bella hacienda de Amazcala, está como en sus mejores épocas, su construcción se ha sabido conservar rescatando lo que por razón natural el tiempo desgasta. Sus amplios jardines lucen al igual que toda la finca, muy bien cuidados. Sus propietarios se esfuerzan con dedicación y cariño para rescatar su antigua vocación vitivinícola con una primera producción exitosa.

 

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