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La escuela tiene que mirar el lenguaje de la vida: Lepe García

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• “Debemos de hacer en la escuela una sociedad de lectores y escritores, que usen la lengua como vía para vivir, documentarse y convivir con otros”: Mtro. Enrique Lepe García.

Por Luis Martín Aguilera Jáuregui
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Originario de Colima, con 35 años de experiencia, el Maestro Enrique Lepe García es profesor de educación básica en los niveles de educación de primaria y secundaria. Algún tiempo fue funcionario en el sector de educación pública en México, especialista en lenguaje, coautor del libro de español de primer grado de la Secretaría de Educación Pública (SEP), libros para el maestro, libros para el alumno, programas de estudio y materiales educativos en general, videos y material de apoyo para los docentes, integrante del Centro Educativo “Narciso Bassols”.
Lepe García sintetiza el problema de la lectura en México: “El problema de este país y de muchos de Latinoamérica es la falta de comprensión lectora, todo mundo nos quejamos de que los niños no comprenden lo que leen, que los adolescentes no entienden lo que leen, que los adultos leen acríticamente o no entienden tampoco lo que leen y es una cadena interminable de problemas de ese tipo, en los que se ha luchado desde hace por lo menos 30 años.
¿Dónde está la raíz de la incomprensión de los textos? El problema radica en el inicio de la formación de los niños como lectores. Por una parte, se exige al niño que comprenda lo que lee, que opine, que sea crítico, cuando se le enseña desde preescolar una técnica física que consiste en darle sonido a los textos, es decir, saber que cada letra suena de alguna manera, aislando la parte crítica”.
El especialista en lenguaje afirma que el problema es que al niño se le entrena de una manera y se le exige otra cosa: “Ahí está la prisa incomprensible y absurda, donde el niño termina de leer prontísimo en preescolar. Pareciera ser que, entre más pronto mejor, y la mejor forma de hacerlo rápido se halla en lo superficial del lenguaje.
Si vamos hablar de sonidos y de letras dime cómo suena acá y hazlo rápido, no importa el contenido del texto, ¡ha sido un error! Porque después le dices al niño, ahora sí, quiero que me digas el contenido, oh… demasiado tarde cuando pierde interés o la habilidad de que la lectura sea para él un asunto cognitivo y no solamente vocal.
Es el problema de raíz, y en esta dificultad hay muchos factores en contra. Por ejemplo, uno de ellos, la tradición de los padres que dicen, yo quiero que desde preescolar mi hijo ya sepa leer, sin siquiera saber por qué tienes que salir de preescolar leyendo, ¿Cuál es el beneficio? ¿Por qué más rápido?”.
Al cuestionarle al Maestro Lepe por qué debemos cambiar la manera de enseñar a leer y escribir, responde tajante, porque las cosas han cambiado: “Hoy tenemos un teléfono celular, antes era uno de disquito, tenemos una televisión inteligente, antes era una de bulbos, antes íbamos al dentista con dolor, hoy usa laser. Nadie quiere volver al pasado entonces ¿Por qué en educación sí?
En educación parece que nada ha cambiado, que debe seguir como hace 100 años, que hay que seguir enseñando como yo aprendí, ahí exigimos volver al pasado, cuando en otros aspectos de la vida decimos no.
Pero, si lo importante es el niño, tenemos que empezar por preguntarnos ¿Cómo aprende hoy un niño? Lo que se ha descubierto en la psicología más reciente es que los niños parten de los textos de la vida real completos que tienen sentido para ellos, entonces el proceso es al revés, tú traes a la escuela los textos que los niños manejan en la vida.
Son textos que tienen interés para el niño, por ejemplo, puede ser un producto, revisamos los textos del producto: Cuánto cuesta ese producto, qué dice, qué contiene, qué dice la etiqueta, ¿Te puedes ganar un premio?, en fin, información que le interesa al niño.
Esas cosas son las que conectan más el interés de los niños con la lectura y a partir de esas cosas los niños van a llegar a descubrir los sonidos de las letras, pero –ojo- a partir de un texto de interés de su vida real, que lleva al niño también a lo cognitivo, esa es la apuesta.
Veamos un ejemplo: MA ME MI MO MU no refleja nada la palabra, no significa nada, pero el niño requiere trabajar con significados, cosas que le reflejen algo. Imagínense que ahora les digo: En el profundo bosque había una casita hecha de galletas y chocolates. ¡Cáspita! Una frase plena de significados, entonces los niños trabajan con eso”.

Dirigido a los maestros Lepe pone el siguiente ejemplo: “Cuando yo les digo a los docentes la palabra manzana inevitablemente instigo en su cabeza la imagen de la manzana, es tan poderoso el lenguaje –les dice- que voy a hacer que esa imagen que tienen en su cabeza, aunque yo no los toque, como magia la modifiquen: manzana verde y la acaban de cambiar en su cabeza, y vamos a seguir jugando: manzana verde mordida. Esas palabras que yo dije tienen significado, porque es inevitable que una palabra refleje una imagen, un significado, les digo a los maestros”
Afirma Lepe García que para los niños es muy importante el significado, el sentido, aunque estemos hablando de niños de tres años. “Ahí empieza el conocimiento del lenguaje, pleno de significado, útil para su vida, cercano a su realidad”.
Se vuelve así en un lenguaje completo, lleno de integral significado que el niño descubre que está compuesto por palabras, sílabas y sonidos. Está comprobado por la ciencia que así aprenden los niños”.
El especialista en lenguaje asevera que en la actualidad la escuela enseña cosas inútiles: El maestro enseña a un muchacho el sujeto, predicado, objeto directo, etcétera, pero, y ¿Qué hago con este rico conocimiento que me dio la escuela? A poco cuando quieres leer el destino de un autobús dices: Aquí están el sujeto y predicado, y ahora ¿Cómo me salvan este sujeto y el tal por cual predicado para que llegue bien a mi destino?
“Los niños y jóvenes requieren cosas que la escuela no enseña como, por ejemplo: Hacer la solicitud para entrar a la preparatoria, pedir una beca por escrito a la escuela, entonces el cambio está ahí, la escuela tiene que mirar el lenguaje de la vida o el lenguaje de la vida tiene que entrar por fin a la escuela, eso implica deshacerse de muchas tradiciones”, sentencia Enrique Lepe.
– ¿Cómo cuáles? – “Tradiciones como memorizar reglas ortográficas para dar prioridad a cosas útiles, quizás cambiar horarios, volver al maestro un lector, porque a veces no todo el tiempo lo es, cambiar la dinámica de la escuela en el sentido de que los niños tienen que tomar la palabra y sean ellos los que construyan el periódico mural y no los maestros, que haya producciones de los niños, que los niños puedan escoger lo que quieren leer y no el libro de texto, que los niños puedan crear textos. Hacer, en pocas palabras, en la escuela una sociedad de lectores y escritores que usen la lengua como vía para vivir, sobrevivir, documentarse y convivir con otros”.
Subraya que necesitamos que el maestro no le resuelva la vida al niño, sino que lo enseñe a pensar para que éste aprenda a resolver su propia vida con suficiencia e independencia. Esto es formar, educar: “Tendríamos que escuchar la parte de los obreros, los padres de familia, que nos digan en la escuela qué necesitamos para vivir, en lugar de establecer una verticalidad inútil y sin sentido en el proceso de enseñanza- aprendizaje”.
Dice que un error del sistema educativo es que cuando hay una reforma educativa reparten los nuevos programas, libros, y se asume: Primero, que lo recibieron los maestros; segundo, se asume que, si se los dieron, lo leyeron; tercero, se asume que, si lo leyeron, lo entendieron; y cuarto, se asume que, si lo leyeron y lo entendieron, lo aplican.
“De esos cuatro supuestos, a veces ninguno se da, ni lo aplican porque no lo entendieron, no lo entendieron porque no lo leyeron, no leyeron porque no lo tienen. Es una realidad en nuestro país, por eso es muy importante acompañar al maestro, no para fiscalizarle y calificarle, sino para planificar junto con él, reflexionar sobre su práctica docente, enseñarlo a mirarse en un espejo y registrar: ¿Cómo te sientes? ¿Cómo viste a tus niños?, pero con preguntas que le hagan repensar su acción, ¿Hiciste la pregunta correcta? ¿Cómo viste la respuesta de los niños? ¿Qué implica que te hayan respondido acá? ¿Todos respondieron? esas cosas que a veces no vemos solos”, asegura el Maestro Lepe.
Y agrega: “A veces la presencia de los libros de texto hace que los maestros ni siquiera se pregunten por qué lo están haciendo. Muchos maestros no se lo cuestionan, entonces la primera cosa es ¿Qué quieres que el niño aprenda? ¿Para qué quieres que lo aprenda? Segundo, ¿Cómo hago para que el niño lo aprenda? No cómo hago para decírselo y explicárselo oralmente, que le entré por el oído y no lo asimile, sino cómo le hago para que se dé cuenta de las cosas que queremos que aprenda, y la tercera es, cómo me doy cuenta de que estoy logrando lo que pretendía. Son tres puntos que debemos tener claro: Qué quiero lograr con los niños, cómo lo puedo hacer y cómo me doy cuenta que lo estoy haciendo de la forma adecuada”.
Lepe García señala que cuando un maestro se presenta ante otros mostrando su experiencia, logramos que el docente mismo cuestione, analice y reflexione sus acciones, de aquí la importancia de que sean los especialistas los que atiendan y acompañen al profesor en esta práctica pedagógica y didáctica.
Respecto a la necesidad de conjuntar la estrategia lectora de la escuela en casa, apunta que la idea es meter a los hogares la lectura al igual como se introduce la televisión:
“Yo les sugiero a los papás que, así como les compran juguetes a los niños les compren libros, que, así como le acompañan al niño a ver la televisión, le acompañen a leer. Es decir, que la lectura forme parte de la vida de los niños como lo forman los juguetes, la televisión y los juegos. Así como dije que es importante que el lenguaje de la vida entre a la escuela, es importante que el lenguaje también de la vida entre a las familias, y que los padres, si no son lectores, porque en general no lo son, por lo menos permitan a los niños esa posibilidad.
Yo valoro el libro y todo tipo de textos, impresos y electrónicos, por lo que considero importante que los papás dejen entrar también las revistas, los periódicos y la parte supervisada del internet al hogar, es una gran ventaja para los niños, instalarlos en estos medios para su lectura como se instalan en la televisión”.
Sostiene que somos un país en su mayoría oral, por ejemplo, vamos a un departamento de quejas y decimos: vengo a dar una queja. Y te dicen, hay que hacerlo por escrito, entonces se te olvida la queja que tenías.
“Yo veo a los políticos y digo qué habilidad oral tienen para dirigirse y manejar las palabras, pero les pides que escriban algo y son un desastre. Entonces hasta en política aplica la estrategia lectora, cuando la forma en que escribimos también dice cosas de quien las escribe, por eso lo importante de cuidar las formas”.
Asegura que como autoridades educativas debemos de introducir instrumentos de escritura en los que prioricemos el contenido: “¿Qué tienen que decir los niños? Aunque escriban entre comillas mal. ¿Qué tiene que decir la gente? Hay que decirlo, y después vemos el asunto de la ortografía, porque no por preocuparse por la forma se sacrifica el contenido, entonces hay que permitir que la gente escriba, escuchar sus voces”.
Enrique Lepe García subraya que está documentado que se aprende lento, porque es más seguro, porque das tiempo a la reflexión, porque se afianza lo que estás aprendiendo. Dejar las prisas permite que los niños aprendan cuando tengan que aprender, no llamarlos retrasados porque no aprendieron, cuando el otro lo hizo, tiene que ver también con reconocer las diferencias en el aprendizaje. No hay ninguna patología, hay tiempos distintos para cada persona, por lo que es preciso darle a cada persona el tiempo necesario para aprender.
“Se vale fracasar, si escuchamos la historia de gente que ha triunfado en el mundo, fueron de fracaso en fracaso, grandes físicos, matemáticos, inventores experimentaron, fracasaron y eso, eso te hace más fuerte: Nadie puede hacer todo a la primera, porque justo, justo el que se equivoca es el que aprende”, sentencia el Maestro Enrique Lepe García.

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