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El docente, una persona que siempre tiene actitud de aprender: Hernández Marrero

• “Vivimos en una isla de conocimientos rodeados de un profundo océano de ignorancias”: Dr. Gilberto Ariel Hernández Marrero.

Por Luis Martín Aguilera Jáuregui

El Doctor Gilberto Ariel Hernández Marrero, de origen cubano, nacido en el municipio de San José de Las Lajas, capital de la recién creada provincia Mayabeque, proviene –con mucho orgullo- de una familia humilde, sencilla, trabajadora, integrada al proceso social de Cuba.
Es investigador en el Instituto Central de Ciencias Pedagógicas de Cuba, maestro primario, Licenciado en Educación con una especialidad en Psicología-Pedagogía y Doctorado en Ciencias, con una admirable sencillez comenta: “Ser Doctor en Ciencias creo que es una formación que dura mientras dure el ser humano, por tanto; considero que es una formación continua y así lo vemos en Cuba”.
Para el Doctor Hernández Marrero la tecnología ha estado presente en el escenario educativo durante muchos años: “Tal y como se puede entender la tecnología, pues un libro puede ser parte de una tecnología, la pizarra es algo tecnológico, por tanto, los medios que hoy entendemos como tecnología, también pueden abrirse mucho más en su interpretación y comprender que la tecnología ha estado en el escenario educativo desde siglos anteriores, evolucionando hasta llegar hoy a estos recursos tecnológicos, dispositivos electrónicos, pudiéramos decir muy sofisticados”.
Menciona que si bien, los recursos tecnológicos son una potencial fuente de aprendizaje, es el maestro en tres direcciones fundamentales: La labor mediadora, facilitadora y directora del aprendizaje, quien lo hace posible, “Por tanto, si la labor del docente está en función de desarrollar el pensamiento, la imaginación y aprendizaje de los otros, en tanto serán aprovechables o no los recursos tecnológicos, ya que ellos por sí solos no pueden diseñar acciones de aprendizaje”.
El Investigador cubano asegura que, los recursos tecnológicos, ya sea un libro o un dispositivo electrónico, cada uno es aprovechable en una medida, en relación con las edades de los alumnos con los que se trabaje y con las intenciones con las que se vaya a emplear esta tecnología en función del aprendizaje de los estudiantes.
“Si hoy queremos que el docente transforme su arte en el proceso a través del empleo de la tecnología, lo primero que debemos hacer es preparar al docente en el uso, manejo y empleo de la tecnología, de manera que cuando el docente asista al escenario educativo, lo haga con un profundo conocimiento de esa tecnología, porque de lo contrario, su clase se puede convertir en un fracaso debido a que el docente necesita saber emplear la tecnología para después poder enseñar a los otros”.
Respecto al tema de los valores el Dr. Hernández Marrero afirma que no basta con tener en el ser humano una bolsa de conocimientos, se necesita fomentar las relaciones con el medio y en ese medio están los otros seres humanos, las plantas, los animales, el ecosistema en general:
“Siento que es importante enseñarle al niño las matemáticas, la lectura, la escritura, como también es muy importante enseñarle los valores y esto no está desprendido de ese proceso pedagógico, sino que, en todos los espacios donde está el proceso de la educación tiene que estar el proceso de la formación en valores y los afectos.
En este sentido considero que los valores tienen un peso y un rigor extraordinario en la formación, si queremos a futuro tener un mundo mejor, evidentemente desde la labor educativa, no toca sólo a las instituciones educativas, sino a toda la sociedad intervenir en el proceso formativo y educativo de las emociones de los niños y jóvenes”.
El investigador del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas de Cuba asevera que en el proceso de formación en valores la familia es vital, porque las primeras reglas de educación, los primeros límites se reciben en la familia:
“La labor de la familia es de vital importancia. Por tanto, esa labor de la familia, si está asistida de profesionales que sepan de educación familiar, de psicología, de pedagogía y cómo solventar esas necesidades, pues la labor de la familia lógicamente va a tomar una dirección mucho más positiva, nutrida, enriquecedora y potencializadora de las posibilidades de sus hijos.
Luego entonces, las familias pueden o no tener muchas otras formaciones, que no son precisamente formaciones aliadas a la educación y ahí necesitan de la labor asistencial de los docentes.

Por tanto, escuela y familia deben ir de la mano en un sistema de trabajo y digo sistema de trabajo, ósea, no puede ser aislado de lo que necesita mi grupo-clase, no puede ser aislado de lo que necesita mi familia, tiene que ser un sistema de trabajo que lo diseñe el docente, incluso que lo negocie, que lo discuta, que lo aprueben entre padres y estudiantes y en esa dirección entonces trabajar unidos padres, estudiantes y docentes, en ese sistema de trabajo en consonancia con las necesidades del grupo, del diagnóstico”.
Explica que, en el diagnóstico, referente al docente, lo primero que habría que identificar es cuánto conoce y cuánto desconoce el maestro, el colega, eso es lo importante porque si no puede estar ofreciendo un grupo de actividades que no están en consonancia con las necesidades de los otros: “Cuando yo diagnostique esas necesidades probablemente yo pueda agrupar a los docentes según las necesidades y entonces trabajar más directamente sobre la base de las necesidades de ellos”.
Al preguntarle más específicamente a qué se refiere con este diagnóstico, el Doctor en Ciencias subraya que el diagnóstico, por ejemplo, de un grupo-clase le corresponde a todos: “No solo al docente, porque para poder diagnosticar hay que saber cómo son los estudiantes, qué características tienen, qué necesidades tienen sus familias, asimismo, los docentes que intervienen con ellos, los directivos, incluso la comunidad que está colindante a la institución educativa, qué características y qué necesidades tiene, para que entre todos, (siendo la educación un fenómeno social), en esa misma dimensión deba ser su objeto de estudio, para que desde ese fenómeno social, se pueda dar una respuesta efectiva a todas las necesidades, una de ellas por poner solo un ejemplo, combatir la violencia”.
Agrega que muchas veces se suele pensar que la violencia está únicamente relacionada con el golpe físico o el maltrato físico, sin embargo, un silencio puede ser una forma muy violenta de actuar de un ser humano hacia los demás.
“No cabe duda que nosotros como docentes debemos tener esa comunión con la familia y con las comunidades, debemos actuar en bien de esa formación de valores, de esa área socio emocional, en la búsqueda de hacer cada vez el mundo más cómodo, más asequible, más tolerante, porque no cabe duda de que muchas veces la violencia se genera por la falta de tolerancia entre los seres humanos, o de los seres humanos hacia el medio.

Hay muchos recursos, por ejemplo, los niños pequeños a través del cuidado de mascotas se les puede enseñar las formas de cuidar, preservar, transmitir afectos para que así mismo después lo puedan ir haciendo con sus semejantes y con la sociedad en general”.
Asegura que la labor docente, mancomunada con la labor de la familia y de la comunidad, determinan la situación social del desarrollo de un sujeto: “Entonces sería más bonito decir que tanto la influencia biológica, como la influencia cultural, ambas establecen una sinergia sobre el ser humano que indudablemente lo van formando, desarrollando y educando”.
Agrega que no basta con tener mucho conocimiento intelectual, si no sabemos cómo canalizar las relaciones con el medio que nos circunda: “Por tanto, aquí se impone la inteligencia emocional y junto con ello los estilos de aprendizaje.
Es muy importante tener en cuenta que al hablar del aprendizaje emocional o de la inteligencia emocional y de otros saberes que han aportado la psicología y la pedagogía, indudablemente pudiéramos estar parcelando o fragmentando los conocimientos y cada vez más hay que ir buscando la integración de los conocimientos, porque solo así los seres humanos podremos darnos cuenta qué tan útiles son en la vida diaria donde nos vamos a desarrollar desde que nacemos.
Por eso pienso cada vez más, que el docente tiene que desarrollar la función mediadora, la función facilitadora y la función directora, de su proceso de enseñanza-aprendizaje, buscando cómo demostrarles a sus estudiantes la integración de los saberes, porque no puede existir un ser humano que sea capaz de dominar todo el saber que existe hoy, pero si lo integramos en un sistema de conocimientos, entonces nuestros estudiantes podrán percatarse de cómo en cada grado sucesivo pueden ir integrando, enriqueciendo y perfeccionando su conocimiento”.
Para Gilberto Ariel un buen pedagogo tiene que ser un ejemplo en el medio familiar donde se desarrolla, en la sociedad donde vive: “Tiene que ser un ejemplo para sus estudiantes y para sus padres, debe ser la persona que tenga un vestuario muy adecuado para la actividad que realiza, porque tiene que saber que está educando desde todo momento.
Un buen maestro debe ser una persona que en cuanto a la puntualidad y a la asistencia tenga un alto índice en esta dirección, una persona culta, con una preparación profunda, de un análisis donde pueda ir desarrollando esas funciones como mediador, facilitador y director del proceso de enseñanza- aprendizaje, del proceso de transmisión y formación de valores morales.
Un buen educador debe caracterizarse por una preparación personal y una auto-preparación de rigor, de manera que cuando esté compartiendo el escenario educativo con sus estudiantes, familia y colegas, se note que es un docente.
Un buen pedagogo sin duda puede hacer que sus estudiantes disfruten del aprendizaje, que integren los conocimientos y a futuro sean ciudadanos de bien, que esté consciente de que los pequeños estudiantes que hoy tiene adelante son el futuro del mañana”, así lo sentencia Gilberto Ariel Hernández Marrero.
Al cuestionarle cómo conjuntar la tecnología, los valores y las virtudes de un buen pedagogo con un sistema educativo efectivo, el investigador señala que un buen sistema, como el educativo, debe estar compuesto por acciones que tienen que ser pensadas a través de todos y de esa manera permitir la influencia de sus docentes sobre el modelo que se quiere tener:
“Porque ese modelo del docente tiene que ver en consonancia con la sociedad de ese sistema e incluso con el tipo de sistema de esa sociedad, valga tanta redundancia, y con el mundo, porque se admite que la educación, aunque sea nacional, supone un impacto mundial, o sea, no solo debe trabajar para su país sino para que los ciudadanos de su país también sepan conducirse en el mundo donde vivimos”.
Comenta que en Cuba, su sistema educativo trabaja en la formación de nuevas generaciones dotadas de esos saberes combinados, no solo desde lo cognitivo sino también desde lo afectivo, con un profundo sentir humanista que tenga en conciencia la búsqueda del bien común y del desarrollo de la propia sociedad.
A la pregunta de qué tipo de estudiantes debemos formar a partir de ese sistema educativo, el Pedagogo destaca que el mundo necesita de ciudadanos profundamente humanistas, centrados en la solidaridad y el bienestar común: “No en el egoísmo de mi desarrollo, sino en la búsqueda del bien común para su familia, comunidad y sociedad.
Necesitamos estudiantes que estén en condiciones de integrar cada vez más esos saberes y de hacerlos de una manera en la cual se cultiven como personas instruidas, como personas afectivas, pero que también sean capaces de transmitirles a los demás como legado. Como decía José Martí “Patria es humanidad”, por tanto, si la patria es la humanidad entonces nosotros debemos trabajar en la formación de estudiantes que estén en la búsqueda de ese bien común para el mundo donde vivimos”.
Luego entonces afirma que el maestro educa para el bien común, para el desarrollo social, el desarrollo político, para el desarrollo económico, para el desarrollo científico, en sí, para la búsqueda del desarrollo del bien común, porque en sí la ciencia trabaja, sobre la base de buscar y dar respuesta al bien común.
“Desde el punto de vista de las neurociencias se ha demostrado que ningún agente social modela, transforma y actúa sobre el cerebro de un ser humano como lo hace el docente. El maestro tiene ese cerebro en sus manos, prácticamente desde las primeras edades, por tanto, si él transforma esa masa cefálica y actúa sobre ella como ningún otro agente social, yo pienso que esa es la respuesta que nos dice que el maestro es una figura definitiva en la vida de un ser humano”.
Y una vez más el Doctor en Ciencias parafrasea a José Martí recordándonos que: “Es derecho de un ser humano cuando llega a la tierra recibir una educación y después, en pago, retribuirla, o sea, ofrecérsela a otros”. Por tanto, -dice Hernández Marrero- hoy estamos educando a los futuros padres y también, en esa dirección, tenemos que hacerlo pensando que los demás van a aprender, sobre todo, de cómo vean que nosotros actuamos, en ese aspecto, nosotros debemos ser modelos para los futuros padres.
Pero, ¿Cómo lograr una buena sinergia entre los padres de familia y los docentes? Hay fórmulas –revira- el diagnóstico es definitivo, porque con ese diagnóstico en las manos hay fórmulas para nosotros poder trabajar con los padres, que bien pueden ser fórmulas en espacios individuales que el docente y otros profesionales de la educación, consejeros escolares, psicólogos escolares, puedan dedicarle a una familia por las características y las necesidades de sus hijos o pueden también hacerse en colectividad, o sea, pueden socializarse.
“De hecho Cuba tiene una fórmula que es la escuela de padres, que son espacios de encuentro, de reuniones, donde se ofrecen temas que instruyen y que educan a la familia para que ellos establezcan la sinergia que la escuela necesita sobre sus hijos. Pero no solo sobre los temas escolares, sino sobre los temas de toda la diversidad que necesite ese grupo, porque debe estar en correspondencia con las necesidades que se diagnostiquen en el grupo clase”.

Suele suceder también que en algunos casos el docente pueda tener problemas para enseñar algún tema, al respecto el Doctor Hernández Marrero explica:
La didáctica, en un principio, hay que entenderla como el arte que tiene ese maestro para enseñar o hay que enseñar con arte y por tanto, el arte no está ceñido solamente a la música, pintura, danza, teatro y otras manifestaciones artísticas.
El arte también se necesita cuando se va a enseñar y es ahí donde la didáctica nos da, como ciencia, porque nosotros lo asumimos como ciencia pedagógica, ofrece las herramientas para llevar el conocimiento hacia lo que puede que una persona no tenga ese “arte para enseñar” y desconozca también las teorías y lo que estaba escrito al interior de los cuerpos de las teorías didácticas, sin embargo, tiene solución.
Acá en Cuba le llamamos clases abiertas, que son clases donde ese docente que se diagnosticó a través de observarlo y de compartir con él su escenario educativo, se registró que tiene fuertes potencialidades para poder enseñar porque tiene el arte para hacerlo, cuenta con los recursos y el conocimiento de los medios para hacerlo y entonces con su anuencia permitió que otros docentes-colegas lo observaran o lo observen en ese actuar con los niños, y que dichos docentes se percaten de cuáles son los recursos que emplea para poder transmitir el conocimiento y su diseño de cursos.
No cabe duda de que estos docentes necesitan lógicamente compartir espacios donde se les cultive, donde se les informe, donde se le den tareas investigativas en cuanto a las teorías didácticas, luego entonces puedan adquirir los conocimientos. Se pueden hacer concursos de clase, donde hay un grupo de personas que van observando el desempeño de los docentes y entonces los mejores resulten premiados.
-Mención aparte- en México, solo el estado de Querétaro aplica esta metodología de la que nos habla el Investigador cubano, el llamado Premio Estatal al Desempeño Profesional Docente, que desde hace 15 años llevan de manera conjunta la USEBEQ y la Sección 24 del SNTE, al ser este premio único en su género en nuestro país.
Regresando a la explicación del Dr. Hernández nos dice que existen otras reuniones denominadas “reuniones metodológicas”, entre otras formas de organización, donde se diseñan talleres, guías metodológicas para llevarle a los docentes todo el caudal de conocimientos que contienen las teorías didácticas.
“En Cuba nosotros trabajamos con la didáctica desarrolladora, o sea, la didáctica que potencia el desarrollo del pensamiento en los estudiantes, eso es importante. En este caso hay que identificar las acciones y los mejores docentes y más preparados que bien pueden incidir sobre la preparación de los otros que no están tan bien preparados, pero que también necesitan y están motivados por enseñar.
El hecho de estar motivados como docentes es una fortaleza para enseñar, pues entonces también se está en condiciones de aprender todo aquello que va a mejorar la labor como maestro, mediador, facilitador y director del proceso educativo.
Subraya que para tener vocación docente lo primero que se necesita es humildad y combinado con esa humildad, sabiduría: “Como bien dice la Doctora y Pedagoga Lidia Turner Martí acá en Cuba, hablamos de la pedagogía de la ternura, se necesita ser tolerantemente exigente, dulcemente exigente, pero al mismo tiempo el docente tiene que saber que es una persona que debe exigir el cumplimiento de determinadas funciones, tareas y acciones de los otros que son sus niños que está educando, a sus familias que están participando en la educación de sus hijos, y de los colegas con los que están participando de esa educación, pero con amor.
El docente tiene que ser una persona que siempre esté en actitud de aprender. Eso es importante, el docente no puede pensar que lo sabe todo, tiene que pensar que, si la educación es un fenómeno social, entonces la sociedad cambia todos los días, por tanto, un docente tiene que estar con una actitud de aprendizaje diariamente porque aprendemos de todos, en este sentido, el docente necesita estar en actitud de aprendizaje constante”.
Nos explica que en Cuba se tienen los llamados círculos de interés en diferentes áreas del saber: Pedagogía, medicina, enfermería, mecánica, según las posibilidades con las que cuente la institución educativa. Círculos en los que todos participan de la educación de los estudiantes y de esa manera se busca que el estudiante tenga una educación lo más integral posible.
“La idea es asegurarnos de que nuestros estudiantes aprendan a investigar y construyan nuevos conocimientos para ponerlos en función del bien común de la sociedad.
Por tanto, podemos decir que nuestros estudiantes son activos en su aprendizaje, tienen una participación y no tanto que la solución sea solo por parte del docente o que se limiten a la reproducción, sino que se trabaja mucho sobre la base de la creación de nuevos conocimientos, de la integración de los saberes y eso hace que se vaya formando un ser humano con puntos de vista mucho más integrales”.
Finalmente, y no por ser el último punto de la entrevista es menos importante, el Dr. Hernández Marrero se refiere al tema de la higiene escolar.
Explica que la higiene escolar es una disciplina que tiene un grupo de indicadores y requisitos que se tienen que cumplir para garantizar un mínimo de calidad con equidad a los estudiantes, por ejemplo:
“El color que tiene un espacio áulico es determinante, porque los colores también, psicológicamente, tienen un nivel de influencia sobre los seres humanos.
La iluminación artificial y la iluminación natural, así como la posición que tengan los escenarios educativos con relación a la salida y puesta del sol, para garantizar una mejor iluminación natural, son elementos que se tienen que tomar en cuenta.
La organización escolar y la forma en que se distribuyen las asignaturas en el horario del día también, porque cada asignatura viene con una carga docente y el cerebro trabaja diferente a distintas horas, por ejemplo, muchas personas piensan que en los primeros momentos del día, dígase 7 u 8 de la mañana, el cerebro está más apto para aprender y sin embargo, cuando el cerebro está en mejores condiciones fisiológicas y hablando neuroeducacionalmente, en mejores condiciones para aprender, es a partir de las nueve de la mañana hasta aproximadamente las once de la mañana, y sería ahí donde se organizan y distribuyen las asignaturas que tienen un fuerte contenido porque donde el cerebro está en su mejor condición para aprender.
Digamos también que, de la semana, la persona cuando mejor rendimiento tiene es aproximadamente entre los días martes al jueves, fundamentalmente el día miércoles, donde existe un aumento del rendimiento del ser humano dentro de esos días.
De igual manera el mejor momento para aprender es el de la mañana y el de la tarde más corto. No debemos partir de las cosas más difíciles, sino que debemos partir de todo eso que crea un clima de confianza en cuanto a lo que conoce el otro, para ir llevando a nuestros estudiantes hacia lo que no conocen y poder ir entonces potenciando lo que se llama la “zona de desarrollo próximo”.

El tipo de cubierta que tenga un escenario educativo influye y con esto el aumento o disminución de las temperaturas ambientales. No cabe duda de que las cubiertas necesitan cada vez más garantizar una mejor ventilación natural y artificial, al interior de los espacios educativos.
La voz del maestro, las relaciones interpersonales, todo eso lo contiene la higiene escolar y contiene más, incluso la forma de organizar los contenidos al interior de una clase, por lo que no cabe duda que es importante tener en cuenta la higiene escolar pues lleva implícito un mejor proceso educativo.
A mis hermanos mexicanos les digo, desde Cuba, que debemos seguir preparándonos. Debemos seguir colaborando con esa educación mundial. Debemos seguir potenciando en nuestros estudiantes, como parte de su formación, la búsqueda del bien común, el bien para todos, del bien que se le pueda hacer a todos, ya que considero en lo personal: “vivimos en una isla de conocimientos rodeados de un profundo océano de ignorancias. Por tanto, qué mejor bien, qué mejor legado que la Educación”.

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