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La última vez

No quisiera pensar en niños con sus pulmones afectados, niños sin respirar, hay que cuidarlos antes que sea demasiado tarde.

 

Por Luis Montes de Oca

Noticias

 

 

La última vez que vi a mi padre fue en una urna, hecho cenizas. Si es difícil decir adiós a un ser querido, es mucho más difícil no hacerlo. Simplemente te llaman del hospital, te avisan que falleció, te muestran una fotografía para identificación del cadáver y te piden que lo lleves a incinerar.

Habla Francisco Hernández, hijo del Ing. Francisco, la primera víctima de COVID-19 en el estado. La charla es telefónica, una vez que acabó el rezo del Rosario por el descanso eterno de un hombre trabajador, un ingeniero civil de profesión dedicado al mantenimiento industrial y comercial, un hombre de bien, que cuando sus clientes no contaban con dinero, inclusive les ayudaba con los materiales para que no dejaran de trabajar, sin embargo, sin saber cómo ni quién adquirió el COVID-19 y falleció el sábado 28 de marzo al filo de las 21:00 horas, tiempo del que nos ocuparemos un poco más adelante.

Francisco tiene tiempo viviendo separado de su padre y el mes pasado tuvieron la dicha de reunirse, luego no supo más hasta que una llamada telefónica del Hospital General lo puso en alerta el martes 24, previo al fatal desenlace, su padre estaba internado, grave y con coronavirus, la pandemia mundial lo había alcanzado.

El Ing, Francisco no habló con nadie, no avisó de su malestar, no les dijo que ya no podía respirar, no les comentó nada de sus dolencias, simplemente se fue solo al Hospital General y se internó.

La familia toda y los amigos trataban de ayudar de hacer algo pero nada se podía sino esperar, por eso quedaron de acuerdo juntarse el sábado o de dónde estuvieran para rezar el Rosario para el Ing. Francisco, que entre otras cosas era un ferviente adorador de la Virgen de Guadalupe.

Familia y amigos rezaron el Rosario y justo a esa hora, mientras se pedía a Dios por el bienestar de este hombre, el dejó este mundo, convirtiéndose en la primera víctima de COVID-19 en Querétaro.

Vino entonces el terrible desenlace: ver a fotografía, saber que había fallecido y ni siquiera despedirse de él, para dar paso al siguiente tormento los servicios funerarios para llevar el cuerpo al crematorio, tener que pedir prestado, sacar los ahorros para pagar los servicios.

Francisco Hernández aclara que el gobernador Francisco Domínguez habló con ellos y el gobierno del estado cubrió los gastos, por lo que están sumamente agradecidos.

 

Es una realidad

 

Hay mucha gente que no entiende esto, que no sabe del dolor ni de la crueldad de esta enfermedad, gente que se ríe, que se burla, los veo en las calles caminando con una seguridad de que nada les pasará, sin saber que la pandemia no respeta a nadie, los veo —insiste— con los niños en la calle, en los centros comerciales, en las tiendas y los parques y me desespera, porque los adulto ya vivimos, ya tuvimos experiencias, pero los niños en su inocencia los están exponiendo, en verdad esta enfermedad no respeta a nadie, hay que proteger a los más pequeños, hay que decirle a la gente que esto no es juego, que el COVID-19 mata y que finalmente, sin poder los ver, sin despedirse, te muestran una fotografía para identificación, te piden que lo saques del Hospital, que lo cremes y finalmente los vuelves a ver hechos ceniza.

Las palabras de Francisco Hernández, dejaron un hueco, un pesar al saber que cualquiera de nosotros puede ser el próximo, pero también una esperanza en luchar juntos, en cuidarse y cuidar a los suyos, en cuidar su vida, porque en eso va la de todos.

 

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