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Educación y pandemia

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Los expertos hablan

Por Luis Martín Aguilera Jáuregui

Colaboración

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El lingüista, filósofo y analista político estadunidense Noam Chomsky señala que la pandemia por el virus COVID-19 es un momento de un significado histórico, donde hay una gran oportunidad para establecer un nuevo orden social, enfocado en las necesidades y derechos del ser humano. Agregaría a este pensamiento, las necesidades y derechos educativos encaminados a disminuir la brecha de la desigualdad social, a partir de tres condiciones que subraya la especialista en alfabetización de la lectura y escritura Marina Kriscautzky Laxague: El mejoramiento de la infraestructura, la formación docente, y todas aquellas acciones indispensables para cerrar la brecha digital que intensifica el fenómeno de la desigualdad.

Especialistas educativos coinciden que la pandemia es un acontecimiento para el cual nadie en el mundo estábamos preparados. Y si bien en educación se han implementado distintas estrategias con medios digitales, electrónicos o materiales didácticos, lo cierto es que no hay un sustituto adecuado para la educación presencial.

Por su parte, el especialista en lenguaje, revisor técnico pedagógico de los libros de texto de Lengua Materna, Español, de primer grado de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Enrique Lepe García, coincide con Marina Kriscautzky en que esta pandemia está dejando la necesidad de profundizar en aprendizajes que se daba por hecho que los maestros, padres de familia y niños tenían, como lo es el manejo de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC’S). Lepe García afirma que la pandemia exige un diagnóstico y averiguar qué es lo que requieren los docentes para enfrentar esta situación y crear estrategias que permitan atender a los niños a distancia.

Para el director de Investigación del equipo de consultoría internacional de Michael Fullan en Toronto Canadá, Santiago Rincón-Gallardo, los niños tienen la capacidad de aprender por su cuenta y dirigir su propio aprendizaje, pero no están acostumbrados a buscar información por sí mismos, profundizar y comprender textos. Al respecto Enrique Lepe considera que la pandemia ha evidenciado que los niños son todavía muy dependientes de la explicación del profesor, lo cual demuestra que debemos trabajar en hacer que el alumno sea independiente en el proceso de estudio.

Santiago Rincón-Gallardo asegura que la pandemia nos coloca en una situación en la que estructuras que han constreñido y obstaculizado el buen aprendizaje, como son los horarios escolares y exámenes, de repente desaparecieron: “Ahora no hay horarios rígidos y esto abre una oportunidad extraordinaria para que los niños puedan explorar por periodos prolongados preguntas que les interesen, que aprendan a hacer algo que de verdad les intrigue”.

En este sentido, en el proceso educativo la función del docente no es entregar información, explica Marina Kriscautzky; quien afirma que la verdadera educación docente significa plantear todos aquellos problemas, proyectos y retos que movilicen a los estudiantes en relación con un conjunto de contenidos, como decía el epistemólogo suizo Jean Piaget: “El principal objetivo educativo es crear seres humanos críticos”.

Marina Kriscautzky precisa que esta emergencia nos da la oportunidad maravillosa de repensar qué significa enseñar y repensar metodológicamente la función docente. Considera que requerimos una evaluación formativa, la cual dependerá de la propuesta didáctica para modificar la intervención docente y no para poner una calificación: “La memoria no funciona como depósito de información, entonces si metemos solo datos y nos la pasamos evaluando cuánta información retuvieron los niños, esto no sirve al propósito del aprendizaje significativo. Tenemos que inventarnos otras formas de evaluar y saber si los aprendizajes se están alcanzando en casa, generando indicadores que nos permitan conocer a distancia si lo que estamos retroalimentando a los niños demuestra un aprendizaje”. 

De acuerdo a Santiago Rincón-Gallardo, el trabajo de custodia que ofrece la escuela brinda ya por sí mismo un valor extraordinario a la sociedad.  Y eso es algo que las escuelas han hecho bastante bien a lo largo de mucho tiempo. En este orden de ideas el investigador en el Instituto Central de Ciencias Pedagógicas de Cuba, Gilberto Ariel Hernández Marrero asevera que con esta pandemia los padres de familia van comprendiendo mejor que los docentes no son simples cuidadores de estudiantes, sino que son educadores y esto debe fortalecer en adelante la relación hogar-escuela.

Por su parte la pedagoga Argentina y Magister en Didáctica, María Laura Galaburri, aclara que los padres no están formados pedagógicamente, para eso estudiaron los maestros, sino, no necesitaríamos de las escuelas: “Esto es un reto que tienen las autoridades educativas para buscar la manera de resolver y no recargar en los padres algo que no les compete más que como colaboradores en el proceso”

María Laura Galaburri sostiene, a la par de Santiago Rincón-Gallardo, que la pandemia será una oportunidad perdida si regresamos a la escuela convencional tal como la conocemos, afirmación avalada por Gilberto Ariel Hernández Marrero: “Si la educación es un fenómeno social, al servicio de las sociedades, entonces tiene que cambiar junto con ella. Cuando volvamos, a la nueva realidad, debemos volver con una nueva educación”. Termina por enriquecer estas dos ideas Marina Kriscautzky quien considera fundamental un cambio al incorporar al proceso educativo lo creativo que ha surgido a partir de la experiencia de la pandemia. En este sentido, María Laura Galaburri, afirma que nos corresponde  fortalecer los procesos virtuales que promueven y no reemplazan lo presencial, más bien colaboran los dos en lo educativo.

Para Gilberto Ariel Hernández Marrero la pandemia propició la participación más directa de la familia, en cuanto a las labores del proceso de enseñanza-aprendizaje en donde, en palabras de Marina Kriscautzky, las casas se han vuelto escuelas multigrado y en las que,  asegura Enrique Lepe García, los papás denotan su desconocimiento de los propósitos educativos, al respecto señala: “Creo que hay un mínimo de cosas que la escuela debería informar a los papás (Y no está haciendo), del porqué su hijo hace ciertas actividades, de modo que puedan acompañar a sus hijos en algo que tenga más sentido para los niños”.

Agrega Lepe García que el mayor problema que tienen los niños es justo que no se entienden las instrucciones, y los papás tienen que explicar, interpretar las instrucciones para los niños. Luego entonces, ¿Cómo fortalecer los aprendizajes de los alumnos con la escuela en casa? Gilberto Ariel Hernández Marrero dice que corresponde a los docentes y los científicos, pensar y rediseñar con una intención didáctica los medios digitales para aprovecharles su potencial como recurso didáctico, de manera que, como sostiene Marina Kriscautzky, sea posible generar propuestas viables de forma colaborativa para toda una familia: “Tenemos el reto de lograr que los docentes sean dueños de la tecnología y no solo reproductores de información a través de esta tecnología”.

Gilberto Ariel Hernández Marrero asevera que en la pandemia, la televisión ha sido el escenario principal para “afrontar” este periodo de contingencia y poder ofrecer atención educativa a los escolares: “Digo afrontar porque ha sido un pensamiento casi mundial y demuestra la voluntad política de las naciones en cuanto a no detener el proceso educativo”, explica el investigador cubano.

Hernández Marrero (Creador del concepto teleactividad pedagógica en Cuba), dice que deben repensarse las actividades de los docentes en un espacio virtual como la televisión (TV), pues al no tener al estudiante de manera frontal, hay que repensar las teleactividades pedagógicas, que deben “satisfacer” a la totalidad del público escolar, tarea sumamente difícil, tal como lo enfatiza Marina Kriscautzky: “Pararse un adulto a hablar a través de una caja (sea TV o pantalla de computadora), ante 35 alumnos es un fracaso completo.

En la TV no hay posibilidad de interacción, la TV solo es fuente de información, por lo que la TV debe estar al servicio de los docentes como un recurso didáctico, señala María Laura Galaburri: “Ante el recurso de la TV, corresponde al maestro armar el proyecto en donde los contenidos que la TV está poniendo en juego aporten a los problemas que el maestro mismo creó y presentó a sus alumnos. De esta forma, lo que se verá en ese programa de TV será como una fuente de información para el problema que planteó el propio maestro, no la TV”.

Por lo que Gilberto Ariel Hernández Marrero manifiesta la necesidad de repensar el empleo de medios y recursos didácticos en este tipo de teleactividades: “No debe ser la misma clase frontal, es más, no puede ser esa misma clase porque el escenario no es el mismo”. En este sentido Marina Kriscautzky detalla que necesitamos salirnos de la idea de tratar de reproducir lo que hacíamos en la escuela ahora a distancia: “Los retos son salirnos de la caja, de la misma idea y tratar de pensar qué otras cosas podríamos hacer como docentes. La recomendación es integrar, no fragmentar el contenido, a través de todos los medios de los cuales dispongamos al alcance”.

En cuanto a los recursos creativos que podemos utilizar en casa Enrique Lepe explica que el libro de texto no es lo único: “En casa hay muchos materiales que se pueden utilizar para aprender a leer y a escribir, que son de sentido común y de mucha utilidad para los niños; por ejemplo, sus documentos oficiales como la cartilla de vacunación, el acta de nacimiento, las boletas de calificaciones; que, aparte de ofrecer una oportunidad para que se lea y se reflexione sobre el lenguaje, se aprende la utilidad de estos escritos en la vida social”.

Referente al papel de las autoridades educativas en esta pandemia Enrique Lepe señala la necesidad de elaborar un diagnóstico que nos ayude a reflexionar acerca de qué falló, qué nos falta por aprender y en consecuencia emprender acciones para que esas deficiencias se corrijan. Mientras que desde el punto de vista de Marina Kriscautzky y María Laura Galaburri es a las autoridades a quienes les corresponde solucionar el problema de la conectividad y disminuir la brecha digital de la desigualdad; pero para que esto se dé, la Investigadora Educativa y Vicerrectora Académica de la Universidad Iberoamericana, Sylvia Schmelkes Del Valle asegura que es necesario una política de naturaleza intersectorial para atender, no solamente lo educativo, sino las condiciones que lo favorecen o lo impiden.

Marina Kriscautzky asegura que es evidente la desigualdad social de México, ya que según el INEGI, poco más del 50% de los hogares en el país no tiene acceso a una computadora y 47% no tiene acceso a internet, brecha digital que aumenta la desigualdad y limita el acceso a los más pobres en su derecho a la educación.

De acuerdo a una encuesta nacional de la Universidad Iberoamericana solo el 60% de los alumnos pudieron seguir el programa “Aprende en casa” de la SEP, lo que comprueba que esta contingencia ha afectado más educativamente a los más pobres. Y esto irremediablemente incrementará el nivel de deserción, sobre todo en educación media y superior, asegura Schmelkes Del Valle, quien por otro lado manifiesta: “Sabemos que el trabajo infantil es el peor enemigo de la educación; sobre todo en zonas rurales donde los niños apoyan a la familia con su mano de obra”. 

Otra consecuencia de la pandemia, declara Sylvia Schmelkes es el déficit del aprendizaje derivado de no poder tener clases regulares: “Déficit que se da sobre todo en áreas fundacionales como la lectura, escritura y matemáticas, que son asignaturas que si no practicas, se pierden y es difícil recuperarlas”.

Un reto más de la pandemia y obstáculo para el aprendizaje de los niños, es la difícil situación económica de las familias, en algunos casos hasta un problema de hambre: “Hay ansiedad por el temor que implica la pandemia, hay un problema de salud mental en donde además está el asunto de los enfermos, incluso muertos en las familias; todo esto trae consigo condiciones difíciles bajo las cuales se está aprendiendo, por lo que hay que atender también estas condiciones”, concluye Sylvia Schmelkes Del Valle.

En el plano socioemocional para el manejo de esta pandemia, la directora de la Maestría en Psicología Clínica de la Universidad del Norte en Colombia, Ana Rita Russo de Sánchez menciona que lo importante es darle información real al niño de lo que estamos viviendo: “Si estamos ante una pandemia no hay que negarla, pero tampoco debemos meternos en un rincón a llorar”.

Rita Russo sugiere enseñar al niño a vivir esta experiencia de forma positiva, manejar lo que llama “Flexihorarios”, que no es más que acostumbrar al niño al uso del tiempo familiar en casa respecto a las actividades escolares, laborales y de entretenimiento. Y mantener contacto afectivo entre nosotros y la familia, la abuela, tíos, así como el contacto social con los amiguitos.

La pandemia no es una elección de nadie, pero sí una responsabilidad de todos para enfrentar con éxito los retos que los procesos virtuales implican en el ámbito educativo. La pandemia demuestra que la mejor escuela está en casa (siempre ha estado y estará), a través del amor de los padres hacia sus hijos, que al igual que la educación presencial es insustituible, como insustituibles jamás serán los docentes en el proceso educativo.

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