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La creación de la Casa Refugio “Okupa ni una Menos”

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Reinventarse

POR DANIELA PUENTE HOWELL
LICENCIATURA EN HISTORIA

La crisis de violencia contra la mujer en México es una constante histórica, y las soluciones propuestas por el gobierno y sus instituciones para detenerla son escasas e ineficaces. El hartazgo y la sed de justicia por parte de grupos feministas y familiares afectados ha ido aumentado y aunque las exigencias son las mismas de hace años, los medios de presión social de hoy son mucho más radicales y, sin duda alguna, efectivos. La marcha del 8 de marzo conmemorando el Día de la Mujer en el 2020 tuvo miles de asistentes en la Ciudad de México y una participación a nivel nacional en su mayoría copiosa. Poco a poco, se han otorgado espacios para discutir y visibilizar esta crisis y así encontrar soluciones efectivas e inmediatas por y para los mismos afectados.

Lamentablemente, la pandemia y el inevitable confinamiento en nuestros hogares no distingue ni excluye causas, la situación de miles de mujeres se agravó, multiplicándose los casos de violencia doméstica, desapariciones y asesinatos por todo el país. A pesar del altísimo riesgo de contagio, los familiares y amigos de las víctimas salían en busca de respuestas y justicia. En julio se realizó un plantón frente al Palacio Nacional solicitando la atención del presidente Andrés Manuel López Obrador por parte de madres de víctimas de feminicidio y desaparición: la respuesta que esperaban jamás llegó

         El 2 de septiembre la oficina de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CDNH) en el Centro Histórico de la Ciudad de México recibió a familiares de víctimas de violencia sexual y desaparición que buscaban entablar un diálogo con María Rosario Piedra Ibarra, presidenta de la Comisión, sin embargo, al recibir la misma respuesta insatisfactoria y escueta de siempre, la señora Marcela Alemán, madre de una niña que sufrió de abuso sexual a los cuatro años, se amarró a una silla y se rehusó a salir hasta que respondieran a sus demandas y resolvieran su caso y el de todas las demás familias. 

         El 4 de septiembre, la colectiva feminista “Ni una menos México” se presentó para apoyar a las mujeres e ingresaron a las oficinas para tomar por completo las instalaciones. Anunciaron su permanencia indefinida hasta que se escuchara a las familias. Sin embargo, días después se cambió la ocupación de indefinida a permanente, y se renombraron las oficinas, convirtiendo el edificio en “OKUPA, Casa de Refugio ni una Menos”, ofreciendo servicios de acompañamiento, asesoría legal, alimento y hospedaje a víctimas y sus familiares.

La crisis de violencia contra la mujer en México es una constante y más constante aún es la ineficacia para erradicarla. El cambio nunca llega solo y se inicia cuando la sociedad civil decide participar activamente para erradicarla.

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