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REMEMBRANZAS

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Recuerdos del Querétaro de antes. Primera parte

Por: Manuel Paredón

El curso del tiempo borró para siempre,  algunas costumbres, lugares y personajes emblemáticos de la otra ciudad de Querétaro.        

Hoy en día,  solo  se mantienen en la nostalgia de los viejos queretanos que suspiran por todo aquello que nunca volverá a brillar en el paisaje urbano.

Hasta los voceadores que recorrían la ciudad ofreciendo a grito abierto los periódicos locales y de circulación nacional y revistas, callaron y abrieron sus propios quiosco de venta.

Grandes tiendas  y negocios de todo lo que usted pueda imaginarse, restaurantes, cenadurías,  fondas,  cines, centros de espectáculos  cerraron con el paso de los años. 

El mismo destino siguió a balnearios, baños públicos de vapor y regaderas, cantinas, cervecerías, pulquerías y hasta la zona de tolerancia  y casas de citas de las meretrices.

Del  cabaret “El Mil Noches” de las calles  de Rio de la Loza, solo quedan algunos vestigios.

El Casino de Querétaro, majestuoso salón de fiestas con pista de baile de  piso de cristal  en la parte alta de lo  que fuera la librería del Sagrado Corazón de Jesús en las céntricas calles de Madero, aún se conserva, pero desde hace  muchos años, está  cerrado.

Las mejores orquestas del país, amenizaron ahí los grandes bailes de los queretanos.

La Hostería de la Marquesa de las mismas calles de Madero, ofrecía buenos espectáculos, incluso ahí debutaron artistas que luego se convertirían  en verdaderas estrellas de la farándula, como Isela Vega.

La Marquesa, es hoy un gran hotel.

De las grandes tiendas de la mejor ropa para toda la familia, juguetería y finas telas,  que dejaron de funcionar,  “La Ciudad de México de las calles  de Juárez y Madero.

Está tienda, la más grande de la ciudad, fue fundada por los hermanos Proal. 

En la misma calle de Madero, desaparecieron otras tiendas importantes. Entre otras,  “La Infantil”,” igualmente de ropa,  “El Cerrojo” de artículos  electrodomésticos, así como  Casa del Radio”.

Algunos negocios de las mismas calles de Madero que se fueron, “Mercantil Loyola” de toda clase de artículos deportivos, “La Ciudad de Damasco” donde se encontraba todo para el entretenimiento, desde unas damas chinas.

Como olvidar la relojería “Cantú” de madero y Allende, en donde bastaba un minuto para comprar y un largo año para  pagar y hasta un  pavo y un cartón de cerveza regalaban en la compra de un reloj.

Por supuesto la gran tienda de abarrotes La Luz del Día de los hermanos Espinosa, de las calles de Juárez, se convirtió en una mueblería.

Su eslogan: “Aquí sus pesos valen más centavos”, pero de aquel tiempo.

La Luz del Día, tenía sus bodegas en la misma  Casa de los  5 Patios, a unos cuantos pasos de Palacio de Gobierno.

“El Golfo de México”, “Casa Miguel”, “Casas Mexicanas”, “Armería Madrid”, que ofrecía armas de todo calibre, librería San Juan Bosco,  de las calles de Juárez, se retiraron del mercado..

Proveedora del Hogar”.  Agencia R.C.A. Víctor. Quero Gas, las ferreterías Queretana y Oviedo,  El Vidrio Francés, se convirtieron en otros negocios.

De  la calle de 16 de Septiembre, a unos pasos del Jardín Obregón, ahora  Zenea, quitaron la Arena Deportiva Querétaro, que ofrecía buenas peleas de box, lucha libre y otros espectáculos, es ahora un estacionamiento de la Calabaza y Pasaje San Francisco.

Como no mencionar, la Cedería Muñoz, de Don Franco Muñoz,  en Madero, cambio de dueño y giro.

O la Villa de Paris, que comerciaba finas telas  del país e importadas y que se hallaba en Juárez y Pino Suarez, cambio de giro .

De las  muchas farmacias del primer cuadro de la ciudad  solo queda La Guadalupana en las calles de Juárez y La Francesa, de Independencia, casi esquina con Corregidora.

La dulcería, tabaquería, caseta telefónica y expendio de periódicos  y revistas de don Pifas Carreño, frente al  Jardín Obregón, hoy Zenea, ya no existe, pero “Conchita” sobrevive en Madero, ofreciendo, como  siempre,  los mejores bocadillos y canapés.

La  casa  de finos dulces y chocolates de importación, La Sirena, de Juárez, se extinguió  lentamente.

Por otra parte, el emblemático restaurante “La Mariposa”, es de los pocos que se mantiene de pie al igual que “La Cabaña” de Avenida Constituyentes,  su exquisito cabrito.

De los mejores restaurantes y cenadurías que había, para deleite de los queretanos,  “La Flor de Querétaro, El Pavo Real, Salón del  Valle, Salón Querétaro,  el de los hoteles Gran Hotel y El Marques, Jardín ahora  Plaza, el del hotel Hidalgo, único  que sigue abierto.

Imposible dejar en el tintero el café Tokio de don José Saita.

El Tokio, sigue abierto en el Andador 5 de Mayo, pero con otro nombre y otra administración.

Las cenadurías “La Chatita” donde prepararon  las primeras enchiladas  queretanas,  “Don Blas” y su receta original de los deliciosos pichones y  gorditas de maíz quebrado,  “Guadalajara de Noche”  y  su delicioso pozole, cerraron definitivamente.

En el bar Angol que se hallaba frente a la plaza Constitución, se degustaban los mejores caldos de pollo que servían en tasas, tostadas y tortas.

En tanto, en las fondas del  callejón de Cabrera, hoy Andador  Libertad, ofrecían el mejor menudo y mole, así como variados platillos para las personas de escasos recursos.

Con la demolición del mercado Escobedo que se encontraba en lo que es ahora la Plaza Constitución, desaparecieron esas fondas   y cantinas de esa zona, entre otros,  “El Globo”, “El Gato Montes”, “La Puerta del Sol”, “El Puerto de Mazatlán.

De esas afamadas cantinas, habría que agregar “La Perla”,  “La Opera”. Bar Ángel, Montecasino, El Cortijo, Bar Reforma, El Águila de Oro, La Imperial, ”Salón Victoria”,   la  pulquería El Borrego y párele le contar, mismas que funcionaban en el centro de la ciudad.

Las deliciosas nieves de Nico del portal Bueno, de la Plaza Constitución y la perfumería La Rosa de las Nieves, cayeron bajo la picota 

Con la remodelación del  callejón de Cabrera, como ya se dijo,  hoy Andador Libertad,  desalojaron a  los llamados  “fierreros” que ofrecían toda clase de chacharas, antigüedades, y expendios de carbón y petróleo, ropa y calzado de medio uso.

Los cierres, alcanzaron la mejor peluquería de la ciudad, “Alfonso XIII” propiedad de  don Felipe González que se localizaba en Juárez y 16 de Septiembre.

Y aunque no lo crea, había  billares en  Vergara, casi esquina con el Callejón d Cabrera. en los portales de la Plaza Constitución y en los altos del edificio de Juárez y 16 de septiembre

El Mesón de Santa Rosa que fuera propiedad de don Lorenzo Lara, era eso, un mesón que rentaba cuartos por mes  o un lugar  bajo un  tejaban para pasar una noche sobre un petate.

Los cines Plaza y Reforma, fueron demolidos.

En el cine  Alameda,  rescatado  y remodelado por  el municipio, se presentaban  caravanas de los mejores artistas y cantantes.

Como suspiran los viejos queretanos de aquellos inolvidables  domingos, en  el Jardín Obregón o  Zenea, se reunía lo más granado de la sociedad.

Después de que las  emperifolladas damas y apuestos caballeros salían de la primera  función del cine Plaza, a eso de las ocho de la noche,  le daban vueltas al jardín, ellas en un sentido  y los galanes, en otro.

En esos singulares encuentros, y bajo las notas de la banda de música del Estado,  se conocieron muchas parejas que terminaron en el altar.

Algunos, preferían tomar algún refrigerio en La Mariposa de 16 de Septiembre o en algún otro lugar.

A las diez en punto de la noche, cuando terminaba la actuación de la banda de música, todo  mundo a casa y el centro de la ciudad se quedaba totalmente desierto.  

La Alameda Hidalgo, el Cerro de las Campanas y la Estación del Ferrocarril, eran  igualmente preferidos por los queretanos para pasear con la familia.

Imposible dejar fuera de estas remembranzas, los balnearios de la ciudad, entre otros, el del hotel El Jacal, que  demolieron para construir el Real de Minas.

El lugar se abastecía de las aguas termales de sus propios pozos y con las sobrantes, regaban los sembradíos de aquellos rumbos deshabitados. Tenía  dos albercas, una exclusiva para mujeres para que  nadie las viera en traje de baño.

Ahí entrenaban los mejores nadadores de aquella época, el más destacado, el Doctor Enrique Rabell Fernandez, que fuera rector de la UAQ. Llegó tan lejos, que fue incluido en el equipo de natación que representó a México en las Olimpiadas de Roma.

Las clases populares que no tenían los $2.50 que cobraba El Jacal, se iban al Piojito, de La Cañada, una alberca al aire libre que se alimentaba de su propio manantial.

Las  albercas,  Leticia de Hércules y  Colonia,  se cuentan también.

De los baños públicos  de vapor y regaderas, habría que referir  los de  Santo Domingo,  de Guerrero y Pino Suárez, Santa María, de la Avenida Morelos, “La Purísima, que estuvo en Gutiérrez Nájera, Perpetuo Socorro de Artes y 21 de Marzo, El Marinero de Pasteur, los Corregidora que se hallaban en el edificio que ocupa ahora el SAT.

Recuerdos y más recuerdos que se vieron y vivieron en un Querétaro desconocido. .

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