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“Soy indescriptible, indefinible, inclasificable”: Javier Velázquez, actor

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Por Lina Salinas 

Noticias  

 

“La memoria por la dignidad en el oficio interminable del teatro y la ilimitada pasión por lo Imposible y el incesante desafío por hacer del teatro un espacio sagrado-humano, arriesgadamente, profundamente e íntimamente humano y quizá, después de trabajar y trabajar años y años con rigor amoroso, tocar el milagro de la poesía escénica”, dice Javier Velázquez Jiménez. 

 

El actor Javier Velázquez Jiménez, explica que en cada minuto, en cada hora, en cada día, se siembran semillas de memoria para conmover el alma humana, “el teatro no es una profesión, es un destino destino, un llamado metafísico, un llamado al fuego total, te incendias o no te incendias, te arrojas a hoguera gigante en la noche oscura, o no te arrojas. Vas instintivamente al fuego, al corazón del volcán, y quizá, con trabajo sobrehumano, cósmico, puedas regresar para contarlo en una obra elegir, decidir es un acto racional”, así lo describe con la pasión que lo caracteriza al subir al escenario, sobre lo que significa el teatro. 

 

Indica el actor “ahora vivimos el exceso de la razón, pienso, luego existo. Vendo, luego existo, ¿Qué me conviene más? ¿La carrera de abogado o contador?  ¿Dónde voy a ganar más dinero?  Zeus, Apolo y Plutón continúan gobernando a casi todo el mundo. El teatro es un oficio sagrado-humanohumano-sagrado que te exige lo imposible y el llamado es radical o no esEl escenario devora a la mayoría, pocos resisten el incendio y salen con mayor furia, coraje, rabia, vehemencia, pulida por el tiempo, y quizá nos ofende un poema y todo poema, sí lo es, es memorableHoy abunda el gato por liebre”, comenta enfático. 

 

Javier Velázquez Jiménez explica porque eligió dedicarse al teatro, “porque es el espacio de la libertad, si la construyes día día, segundo a segundo, a mayor rigor sobrehumano, más posibilidades de aproximarse a la plenitud en el oficio de la actuaciónes decir, estar limpio de prejuicio y moralla imaginación no tiene moralel actor sí tiene ética, sin ética no hay estética”. 

 

Recuerda que inició esta pasión por el teatro a los 17 años y sus trabajos más recientes, de noviembre a diciembre del 2020, han sido con la Secretaría de Extensión Universitaria, con la Facultad de Ciencias Políticas, la Secretaría Particular de la UAQ, el Sistema Universitaria de Radio, Televisión y Cine, este último, con el proyecto: “Los desafíos de la memoria: hoy”.  

Además, se estrenó el video: “Ofelia mediana es tríada de Susanas”, una   comedia científica audiovisual para combatir el bicho, en el auditorio “Fernando Díaz Ramírez”, así como en el Centro Integral de Medios de La FCPyS de la UAQ, “el estreno se realizó de manera híbrida, tanto presencial con aforo limitado y con todas las medidas sanitarias, así como online. Sería muy oportuno, que se repitan más presentaciones, así como más videos por los avances realizados por nuestra Alma Mater, en torno al COVID- 19, ya que el primer video, aborda, a través de Susana-Distancia, Susana-Sospecha, y Susana- Conciencia, las primeras investigaciones realizadas en los primeros meses de la pandemia, la música original fue compuesta por Ernesto Martínez. El montaje por Rodrigo Mendoza, el autor-director, soy yo”. 

 

“Mi trabajo no me gusta, me encanta, me fascina, me apasiona y lo amo más allá del bien y del mal. La fascinación nace, con la idea, con la llama de la conmoción hasta transformarse en hoguera infinita, El fuego perpetuo, con espacios de tormenta, silencio, grito, aullido, susurrro, duda, trueno, sueño, ciencia, palabra, El ilimitado poderío del lenguaje. El Teatro es la síntesis de todas las artes”, comenta Javier Velázquez Jiménez. 

 

“El Teatro fusiona, contiene los misterios de la condición humana en una obra de hora y media. Es construir el asombro, el milagro, la conmoción de estar vivos.  Es una obra que estará en la memoria de todos los participantes, sembramos semillas de memoria, con la ciencia de la pasión, y la pasión de la ciencia por el teatro, como una disciplina, como un lenguaje que desde el más alto rigor, nos permite soñar con los ojos abiertos”, comenta el actor. 

 

“Indescriptible. Indefinible. Inclasificable. El ser humano no es clasificable. No es bueno o malo, es “La verdad no puede obtenerse sino en la comprensión de los contrarios”, escribió el poeta japonés Kakuzo”, es como se describe Javier Velázquez Jiménez a quien le encanta cocinar, sobre todo degustar el sabor de las lentejas recién cocidas con papas y zanahoria, acompañadas de un agua de limón con chía y sin azúcar. 

 

Respecto a cómo combina el trabajo con su familia, el actor dice que le gusta viajar a la mar, a la montaña, a la biblioteca, a la librería, al parque, al mercado, ir a la cineteca de la CDMX y también a la biblioteca infantil del Museo de La Ciudad, “ahora con la furia de la pandemia, a leer y dialogar en la intimidad. A cocer unos frijoles negros e ir por la tortillas de maíz verdadero y los fines de semana, nadar, caminar en el bosque, en la montañas, caminar y caminar, me encanta caminar horas”. 

 

Javier Velázquez Jiménez desde hace 43 años se dedica a la actuación, por lo que en 1978 inició en en teatro, “cuatro décadas más tres veces uno en el interminable oficio del teatro, es Fascinante, Formidable, Fantástica, Fenomenal y Fúrica, la Quinta F, es Dialécticamente Fascinante. Siempre más que agradecer, estoy por el amor a la vida, al increíble prodigio de estar vivos. Al milagro de volar en los ojos de la imaginación. Al imprescindible ritual de dudar”. 

 

En 1997, con la obra “Vértigo para hombre y Rata” que es un aullido ultramoderno en caóticas carcajadas, como así describe esta obra, Javier Velázquez Jiménez representó al Estado de Querétaro en la gira Centro-Occidente  y viajó por ocho estados de la República Mexicana. En 1990, ya había participado en dos Festivales Mundiales de Teatro en Estados Unidos.  

  

El actor habla sobre su experiencia en el teatro, “las experiencias siembran memoria en torno a los ciclos que las contienen, todas las obras, son hijas del tiempo. Unas tienen más funciones, más presupuesto, más giras, más heridas, más sonrisas, risas, carcajadas, silencios, miedos, ensueños. Más espectadores. Más viajes, más suerte, hay que construir las circunstancias, los espacios, para que la inspiración te encuentre en la ilimitada pasión por lo sobrehumano, es decir, que la inspiración te encuentre en la infinita tarea del rigor amoroso, cruel, fúrico, luminosamente desgarrado. La inspiración, es hija de la herida más sublime, del acontecimiento más puro y radical de tu condición humana”. 

 

Javier Velázquez Jiménez asegura, “amo a todas las obras por igual; son hijas de mi memoria vital. En el dolor y en el regocijo, en el desvelo y el sueño. En la desdicha y en la dicha. Son hijas de mis más profundas contradicciones, anhelos, búsquedas. No, no, hay, peor, ni mejor. Todas son heridas de luz. Cada una es distinta y todas son bellas. Rabiosamente hermosas. Fúricamente sublimes. Serenamente furiosas, como los hijos, son poemas perpetuos. Nunca los olvidas”. 

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