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Un fotógrafo que era una bola de nervios

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“Escándalo”, libro de la autoría de Clementina Montes de Oca

Por Luis Montes de Oca
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Él tomó la cámara a principios del siglo XX, nacido en 1905 en el umbral de la Revolución Mexicana, en el centro de la Ciudad de México, en una vecindad de las calles de Regina, a Manuel Montes de Oca Saulnier vivió los estragos de la lucha armada, el hambre, las necesidades apremiantes, teniendo ocho años se agudizan las cosa, es la Decena Trágica y él y sus hermanos Ernesto y Luis, tenían que morder la almohada para no decirle a su mamá, doña Clementina Saulnier, de ascendencia francesa, que tenían hambre o formarse en largas filas de gente con piojos hasta en la ropa, para recibir un poco de caldo de camiones cisterna que repartía el gobierno en turno, el del “Chacal” Victoriano Huerta.
De esas pláticas nos enterábamos cuando niños de mediados del siglo XX de la vida del “Chatito” Montes de Oca.
Clementina, tuvo la oportunidad de hacer un viaje con su padre y de ahí nació su sed de conocimientos de quién era este hombre, tan conocido en el medio periodístico, tan destacado en su trabajo y con un anecdotario tan vasto como ocurrente y simpático, porque pese a ser un hombre de pocas palabras en cuanto se lograba hacerlo hablar y platicar algo de esa historia viviente, Clementina guardaba celosamente esas charlas:


Una adivina asesinada y obvio, la bola de cristal estaba en la casa paterna, porque para él era importante que sus hijos conocieran de esas historias que sacudían la opinión pública del aquél México que había dejado los tranvías y las carretelas, de ese México donde su madre después de las batallas salía a voltear cadáveres para ver si no habían matado a su hombre, a Manuel Montes de Oca, de oficio mesero en Le Rendez Vous.
Si charlaba del accidente aéreo durante la fiebre aftosa, estaba un pedazo del fuselaje y si del asesinato de León Trotski, fundador del Ejército Rojo que llevó al triunfo la Revolución Rusa, en casa permanece la cachucha del líder soviético.
Así se tejían las historias en la sala de la casa paterna o en su barra, mientras degustaba un tequila y fumaba un cigarro Delicado sin filtro y Clementina, observaba y escuchaba, almacenaba.
Ofreciendo disculpas por hablar en primera persona, porque se trata de nuestro padre, de mi hermana y de un libro que es un rescate fotográfico, hemerográfico y vivencial, un libro que sigue en la memoria de los hermanos y de los sobrinos y los nietos y las nuevas generaciones, les comento que una tarde se tomó la decisión, organizar el archivo fotográfico de Manuel Chato Montes de Oca y ahí inició nuestra odisea: rescatar el material que estaba en propiedad y resguardo de cada uno de los hermanos, y vencer ese obstáculo fue arduo, porque era separarse de una parte entrañable de un ser tan querido, pero finalmente la paciencia y el convencimiento de Clementina lo logró y así fuimos conociendo tesoros como la imposición del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el rechazo de la clase trabajadora, armándose un zafarrancho en el Zócalo capitalino, material que atesoraba nuestro hermano Roberto Montes de Oca, bombero (QEPD) y a quien le tocó vivir momentos sumamente angustiantes con el Chatito. Roberto —al único de la familia que le permitía que le llamara Chato—, lo encontró en un incendio donde estaba a punto de explotar un tanque de gas, así mientras el hijo trataba de enfriar el cilindro que brincaba, el padre enfocaba para llevarse esa foto, sin importarle su vida y los gritos de Roberto de ¡salte de ahí papá!, contrastaban en la conflagración con la respuesta del Chato: ¡Usted atienda su trabajo y yo el mío! Finalmente, el tanque no explotó, para berrinche del Chato y angustia de Roberto.


Lourdes, la consentida del Chatito por ser blanca y de ojos verdes y según él de gran parecido a su madre y Martha otra de sus roras también entregaron su material y Manuel, su discípulo, con quien compartió el trabajo de prensa, las calles los eventos y también los casos graves.
Clementina tuvo a bien no sólo platicar con cada uno de los hermanos, también lo hizo con los amigos de El Chatito que quedaban vivos, su gran amigo y colega el reportero de Policía de El Universal, Ángel Marín (QEPD) tuvo a bien escribir el prólogo para este documento que encierra voces de Daniel Soto; el Maestro Fonseca y recuerdos de El Güero Téllez Vargas, con quien también tenía un amplio anecdotario.
Formado el Archivo Montes de Oca, vino el siguiente paso, escribir sus memorias, cómo, desde el ámbito familiar, bajo el título de Escándalo, Manuel “Chato” Montes de Oca, fotógrafo diarista 1905-1980, memorias de familia, un libro sentido, documentado, un rescate de una época, la visión de un fotógrafo desde el punto de vista no sólo de su hija, sino de una escritora que hace este aporte, para la historia del periodismo gráfico del Siglo XX.
El libro, diseñado por Sandra Castanedo e impreso en los talleres de Hear, Industrias Gráfica, bajo el sello editorial de Mitocornio Clandestino, consta de 128 páginas.
El arduo trabajo de Clementina Montes de Oca, en a investigación y memoria de lo que a ella le correspondió vivir al lado de su padre encierra otro importante aspecto, la etapa del artista de la cámara, el trabajo social, el registro de las condiciones de vida del pueblo de Ixtacalco, dentro de la misma ciudad de México, donde se fue a vivir algunos años para continuar con su trabajo, piezas que estuvieron expuestas en la colectiva Hecho en Latinoamérica, en el Palacio de Bellas Artes, entre otras galerías con exposiciones individuales, post mortem.
El título del libro, es tomado de una de sus mejores fotografías a la que tituló así: “Escándalo”, un enfrentamiento en el Zócalo de la Ciudad de México entre los Camisas Doradas de Pancho Villa y los Radicales, el 20 de noviembre de 1935, lograda desde el techo de un tranvía y con una cámara de cajón. Fotografía premiada y ampliamente difundida y que fue la portada del libro de los cien años del periódico El Universal y desde luego, portada de este libro que abriga moda, forma de vida, política, casos graves, asesinatos, persecuciones, inclusive, alguna vez iban a pasar al Chatito por las armas, junto con el periodista Salvador Martínez Mancera, y resignados rumbo al paredón a la orden de ¡”Truénenlos”!, providencialmente se escuchó la voz de un general: ¡Épale, a éste no, es el Chatito Montes de Oca! Y así, gracias al General Murguía, tuvimos padre y ahora Clementina, nuestra querida Clemen, un bello e interesante libro. Felicidades.
Vale.

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