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EL CORAZÓN TRASPASADO ÍCONO DEL MISTERIO PASCUAL

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-P.Prisciliano Hernández Chávez, CORC.

Más allá del sentido físico o metafórico que se pueda dar a la palabra ‘corazón’, hemos de considerarla como una protopalabra que es un símbolo real,- en lenguaje de Rahner, que viene a indicar el centro interior de la persona, expresiva de su realidad consitutiva de la corporeidad y del espíritu humanos, entendidos como una unidad. En este sentido se expresa el Catecismo de la Iglesia Católica: “La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la ‘forma’ del cuerpo; es decir, gracias al alma espiritual, la materia que integra el cuerpo es un cuerpo humano y viviente; en el hombre, el espíritu  y la materia no son dos naturalezas unidas, sino su unión constituye una única naturaleza” (nº. 365).

El alma se expresa a través del cuerpo y el cuerpo a través del alma; en ese sentido el ‘corazón’ es ese símbolo real de la persona, de esa dimensión interior, de su unidad interna. Señala esa dimensión profunda de la persona; su identidad más interior. Ese es el lugar privilegiado de la apertura de la persona a Dios mismo, de corazón a corazón y en relación con las otras personas humana, el tú divino y el tú humano. Ahí se ubican las grandes decisiones, los compromisos, y propiamente la Alianza con Dios, y se realiza el misterio del amor en los encuentros.

El icono bíblico por exelencia, como síntesis y cumbre de la revelación del Dios Amor, es el Corazón traspasado de Jesús crucificado. Así se profetiza en Zacarías 12, 10 y san Juan en su evangelio lo proclama y lo lleva a su realización profética a través de los siglos: ‘Mirarán al que traspasaron’ (Jn 19, 37; Ap 1,7; Jn 3,14).  Esa contemplación nos lleva de lo visible a lo invisible: ‘contemplamos también nosotros por la llaga visible la invisible llaga del amor’, como lo dice san Buenaventura, citado por J. Ratzinger. En el Corazón traspasado del Redentor, miramos al Verbo de Dios encarnado, su persona divina, su alma y cuerpo humanos, que revelan ese centro inerior como acontecimiento de entrega y de su glorificación, de su amor permanente al Padre, de su amor constante  a la humanidad y el instrumento fiel de la comunicación del Espíritu Santo. Así pues este Corazón es la expresión y la interpretación del misterio pascual de Cristo, momento cimero de la historia de la salvación,  la historia del entero Amor de Dios, uno y trino, en Jesús, el Cordero inmolado y que está de pie,  Cristo Jesús de Corazón traspasado, fuente permanente de contemplación, de salvación y de santificación.

El Corazón traspasado es el contenido, diríamos, en instantánea icónica del misterio pascual de Criso. Este Corazón, redime, entregándose en totalidad y constancia en la Santa Eucaristía.

El Corazón de Jesús, constantemente palpita de amor divino expresado en el amor humano, que lo implica en una maravillosa unidad. Es diríamos, sensiblemente afectivo a nuestra aceptación y a nuestro rechazo, sin caer en sentimentalismos.

Este Corazón traspasado es la fuente del Espíritu Santo, de la Iglesia, de los sacramentos; particularmente en esta imagen, del agua,-del bautismo y de la sangre,-la eucaristía. A este respecto son ilustrativas estas palabras del Catecismo de la Iglesia Católica:”Pero la Iglesia ha nacido principalmente del don total de Cristo por nuestra salvación en la institución de la Eucaristía y realizado en la Cruz.’El agua y la sangre que brotaran del costado abierto de Jesús crucificado son signo de ese comienzo y crecimiento (LG 3). “Pues por el costado de Cristo  dormido en la cruz nació el sacramento admirable de toda la Iglesia (SC 5). Del mismo modo que Eva fue formada del costado de Adán adormecido, así la Iglesia nació del corazón traspasado de Cristo muerto en la Cruz (cf san Ambrosio, Lc 2, 85-89)”. ( Cat Ig C Nº 766).

Es pues este Corazón traspasado la expresión insondable e infinita del amor de Dios, quien se entrega a sí mismo en este Corazón, puerta de entrada al amor incandescente de su  misterio. Ante ese rechazo  de traspasar el Corazón hasta lo último del desprecio se da el triunfo definitivo del Amor divino encarnado. Es la interioridad abierta de Cristo que se entrega y es al mismo tiempo la interioridad del Padre. Así Dios en Cristo nos ama con Corazón de Hombre.

Ante la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y en muchos momentos durante el día, oremos de corazón a Corazón, contemplando su Corazón traspasado: “Sagrado Corazón de Jesús, perdónanos y sé nuestro Rey”.  Cuando asistamos a la santa misa, recordemos que el agente principal es Jesucristo inmolado con su Corazón traspasado. Él actualiza su misterio pascual en cada eucaristía. Qué razón tenía el Padre Enrique Amezcua Medina, cuando nos enseñaba a los Operarios imberbes, que la Eucaristía impedía que las llagas del Señor, sobre todo, la llaga de su Corazón, cicatrizaran. Así es; de modo permanente su Corazón traspasado esta abierto y se actualiza sacramentalmente en la Eucaristía, misterio pascual de Cristo inmolado y glorificado.

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