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El “Manual de Diseño Urbano”, una visión transformadora del espacio público

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Por Luis Montes de Oca

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No ha sido fácil,  inicié en la Secretaría de Obras Públicas por una invitación del entonces gobernador Francisco Garrido Patrón, en el 2004, como Jefa de Proyectos en el Estado, cubriendo a quien había tenido el cargo y era responsable del CRIQ que hizo crac; entonces ese puesto era como de terror, nos dice Romy Rojas Garrido en su última entrevista como titular de la SDUOP, para esta Casa Editorial.

Me tocó entonces levantar el nuevo CRIQ, luego vino el Aeropuerto Intercontinental de Querétaro (AIQ), correspondiéndome la construcción del hangar, el nuevo estacionamiento y quien había sido mi maestro en la escuela, el arquitecto José Luis Covarrubias Herrera, que era el Secretario de Obras Públicas (SDUOP) estaba satisfecho con mi trabajo y me promovió muy rápido así que se Jefa de Proyectos, pasé a ser la Subdirectora.

Romy explica que antes no había tanta división que únicamente estaban la Subdirectora, la Dirección de Obras Públicas, Sitios y Monumentos, Desarrollo Urbano y “¡tan tan!”. No había más estructura.

Nos fue muy bien —comenta Romy Rojas  posando las manos sobre algunos apuntes listos para la entrevista, lo que son los datos duros, pero el interés de este espacio es el ser humano detrás del cargo, la joven profesionista abriéndose paso en el mundo de la construcción y desde el gobierno del estado—. En ese entonces —continúa— se crea la actual estructura que tiene la SDUOP, porque ya era un nuevo Querétaro y tenía una estructura muy vieja muy antigua, así que se empieza a ver el desarrollo urbano, la movilidad y se crea la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Administración de Obra Pública que subsiste con otra subsecretaría de Proyectos y Construcciones.

Llega el cambio de gobierno y se me invita a permanecer en la Secretaría, por parte del gobernador José Calzada y por parte del Ing. Sergio Chufani Abarca, y asumo el cargo de la Subsecretaría, donde permanecí durante cuatro años. Ahí decido tomarme un respiro y juré que ya nunca iba a regresar a la administración pública.

Regresé a la empresa de mi padre, a su constructora, le doy un giro, completamente diferente y me meto más a hacer obra de carácter urbano: plazas públicas; regeneraciones  urbanas, porque mi padre está más dedicado a hacer edificios, puentes, carreteras, como buen Ingeniero Civil.

En eso estábamos cuando Pancho (Francisco Domínguez Servién), se va de senador y ya se escuchaba como un buen gallo para ser gobernador.

Yo me encontraba trabajando en la Ciudad de México con mi empresa, tenía contratos con la SCT, así que le pedí una cita al senador Domínguez Servién, que ya éramos amigos, porque cuando era subsecretaria él era presidente municipal y la verdad es que Pancho siempre fue sumamente amable conmigo, cuando era subsecretaria y justos resolvíamos muchos asuntos en la capital del estado.

Lo saludé y me platicó de sus intensiones y acordamos que si hacía campaña, con mucho gusto lo apoyaba y efectivamente, hizo su campaña y estuve muy pegada a él, trabajando fuerte y  cuando resulta gobernador electo, me propone asumir la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas: “y yo que había jurado que nunca iba a regresar —risas—, regresó, con muchos retos, pero muy contenta. 

Cimientos, ciudades y el espacio Público

Al preguntar a Romy Rojas sobre su libro y lo que tuvo que transcurrir para llegar a él, nos confía que tuvo una gran influencia de su padre, el Ingeniero Civil Guillermo Rojas Villegas: él me enseñó a ver en tres dimensiones, desde pequeña, yo no veía un plano, veía las edificaciones y es que desde muy pequeñita me llevaba a las obras,  tendría cuatro o cinco años y ya lo acompañaba, me metía en la arena, la grava, veía los tabiques como se iban colocando y veía las tres dimensiones, entonces mi mente se desarrollo en tres dimensiones, que en realidad son cuatro cuando habitamos esos espacios.

Mis padres (Guillermo Rojas y Shelly Garrido), me insistieron mucho que hiciera un postgrado, porque salí de la escuela a los 20 años, me titulé de Arquitecta de esa edad en el Tec. de Monterrey y mi padre insistía: “vete a estudiar un posgrado, antes de que te ensartes en la constructora estudia lo que te apasiona”.

Así que me fui cinco años a Canadá y en McGill, en Montreal estudié dos maestrías, una en desarrollo urbano y vivienda de costo mínimo de países en vías de desarrollo, y otra, en arquitectura de paisaje.

Romy Rojas apunta que mientras estudiaba, también trabajaba para la firma de una paisajista muy importante… mi pasión, la arquitectura de paisaje. Entonces fue como combinar muchas disciplinas.

En tanto Romy nos comenta de su vida en una ciudad como Montreal, reconocida a nivel internacional como la más segura del mundo y la que tenía mejor movilidad, así que durante cinco años no supo de un auto, nunca tuvo necesidad de rentar uno, todo lo hacía en transporte público, pese al clima tan duro… pensamos en la memoria genética, en los grafos, el papel albanene, la navaja para los lápices HB, B o F; la tinta y el romántico tintero. Están  en la memoria las gomas de migajón para borrar; la taza con café; la regla de cálculo con el inquieto cursor y la regleta que lo mismo va que viene para ubicar el punto decimal en las funciones. Memoria que guarda las tablas de senos y cosenos; la idea de la tangente y los ángulos.

La memoria guarda la imagen paterna en la obra, en el estudio, la oficina, las tablas para los cálculos estructurales, las preocupaciones para pagar la nómina, la raya y los riesgos del trabajo.

Todo huele a tierra y cemento, a grava… a obra negra.

Los cambios no esperan, corre el mundo y se resquebraja, no sólo caen las obras, los puentes, los edificios y rascacielos: hecatombes. Guerras, destrucción de las ciudades y de las familias, del individuo y la tarea es reedificar y todo va cambiando, se vuelve a poner piedra sobre piedra; se elevan las construcciones a Dios, en cada casa un templo y surge la calculadora científica y desplaza tablas y reglas y luego el autocad y deja colgadas a las escuadras y el compás; el dibujo a mano alzada; los tiralíneas.

Pero la memoria sigue en la obra, con los albañiles, las herramientas; la cuchara, el nivel, la plomada, y el diseño digital encuentra su realidad, lo falible, lo hermosamente logrado, que le da ese aroma a humano.

Ahora la memoria es propia, la memoria de una niña que aprendió a ver en tercena  dimensión lo que se trazaba en un plano bidimensional; se acumula conocimiento en la práctica, se determina y ejecuta; ahora sus pasos son los que están en la obra y sus ojos los que escudriñan los detalles y entonces soñar, abrir el horizonte, crear la mejor ciudad para vivir.

En tarde de nostalgia, alejada por minutos de la vorágine del gobierno estatal, de los compromisos nacionales e internacionales y la familia y las amistades que exigen unos minutos para ellos… imaginamos a Romy sentada en un restirador, tomar un pliego, imaginamos a sus plumones de punta fina y media, saltar, como si se entregaran, mientras la firme y delicada mano va trazando líneas, la perspectiva, buscando su punto de fuga, la zona aurea y vuela entonces su mente y vuela ella, porque la creatividad es femenina y ve en ese torbellinos entre color y forma a la comunidad con sus edificios y avenidas, con los jardines y las iglesias; escuelas y canchas deportivas… entonces busca las estrategias; la accesibilidad, Seguridad, Resiliencia, la sosteniblidad y la creatividad y mientras de la mano van surgiendo las plantas y los árboles, la Lluvia de oro, las magnolias; el limón o el liquidámbar; los álamos plateados; los órganos, el palo prieto; traza las formas y los colores se van sumando y el pliego cobre vida porque ya no es solamente el edificio, la estructura sino que lo acompaña un cielo azul cobalto y abajo lo peinan los abanicos, las columnarias, los pendulares, ovoidales o los parasoles; árboles y plantas que lleva en la retina con imágenes del Parque del Castillo en Osaka, o la plaza Gerhart Hauptmann, de Hamburgo, o de Montreal.

Sus mundos crecen, se vinculan, se topa con el tacto visual, la señalización y los lienzos van volando como crisálidas  de la oruga de los plumones; vuelan, como señales audibles, se detienen en la señalética de obra y trazan las vialidades.

En ese éxtasis piensa en que las ciudades ya están hechas, pero también piensa que deben modificarse para tener un mejor vivir, ciudades amables para ser habitadas y no selvas de concreto que devoren hombres para vomitarlos en cada estación del metro. 

En ese vuelo, en ese sumar momentos y minutos y días y meses y años, robados a la vida laboral, observa, observa cosas tan simples y benéficas, como la reducción de radios  de giro en las esquinas , para generar velocidades adecuadas; el uso de remantes viales en las esquinas.

En sus ciudades elimina los estacionamientos en las arterias viales, en la vía pública. Ve los componentes de las vías urbanas y de sus ojos que brillan en ese restirador de los recuerdos y las nostalgias, en ese plano inclinado, aparece Hanói; la calle Dinh Tien Hoang y entonces piensa en las calles completas: rampas, vegetación, áreas de espera ciclista, iluminación, paraderos, tótem, bolardos y semáforos ya ras de suelo, un carril para ciclistas, uno confinado para el transporte público y los pasos peatonales.

¿Por qué no?, se pregunta en los andadores  de Montevideo, en las calles de la Ciudad Vieja.

Pasa el tiempo y se acumulan los sueños que encuentran campo fértil en el “Manual de Diseño Urbano”, editado por el Gobierno del Estado de “Querétaro, obra encabezada por la arquitecto Romy Rojas Garrido y un equipo interdisciplinario de profesionales, en una bella edición de 540 páginas y pasta dura, donde apuestan por retomar esta visión que pone al ser humano y sus necesidades al centro del diseño urbano, porque están convencidos del poder transformador del espacio público.

Romy Rojas Garrido sigue en su amable charla sobre Montreal, del invierno que es tan crudo que seca árboles y plantas y cómo se las han ingeniado para tener verdes, plantando pinos, así cuando se caen las hojas de los otros árboles, están los pinos y ves verde y eso influye en el estado de ánimo de cómo vives una ciudad, y el vivir ahí, me amplió mucho la visión, enfrentando más retos de lo que la gente pudiera imaginarse, al vivir en un país gélido como es Canadá y vivirlo bien.

Del retorno a México, señala Romy, lo que más extrañé era la independencia, porque no necesitaba de nada, para moverme de una forma segura y al regresar, tengo nuevamente la necesidad de tener un auto para moverme a todos lados, no caminaba a cualquier hora del día en cualquier rumbo y eso me hace ver muchas ventanas de oportunidad para mejorar las cosas y ahí es donde me invitan a gobierno y fue una gran oportunidad para desarrollar.

Tengo la capacidad de saber formar equipos, detectar talentos, por ejemplo gente que es muy buena escribiendo y no se da cuenta, entonces lo pongo a hacerlo y resulta muy bueno; además de ser imanes de atracción hacia lo que nos gusta.

Entonces me  hice de un equipo de apasionados y creativos en la Secretaría.

Manual de Diseño Urbano para el Espacio Público

El Manual de Diseño Urbano para el Espacio Público —Explica Romy—,se conjuntó entre esa visión y esa formación integral, junto con un equipo de gente muy creativa y que compartió esa pasión, hasta lograr un documento que compila mucha información a nivel internacional, pero que no estaba adaptada para Querétaro; teníamos información de calles, pero no integrada, lo mismo que la arquitectura de paisaje… entonces el manual compiló todas las disciplinas y lo adaptamos para nuestro estado, para nuestra arquitectura, porque siempre he dicho que si ubicas esta arquitectura en un punto cardinal  sobre el punto X y el Y, se ubica en su momento histórico y su situación geográfica, que son los elementos fundamentales para ubicar a la arquitectura.

El manual, añadió Romy, está precisamente situado en ese punto geográfico donde se encuentra Querétaro.

—¿A quién lo estás dirigiendo?—preguntamos.

—A toda la sociedad —responde Romy Rojas quien, comenta: hacer ciudad es tarea de todos y no es un eslogan bonito. Los desarrolladores al momento de ver su manual, sabrán que árboles son urbanos, porque no es lo mismo sembrar un árbol cuya raíz crecerá vertical hacia abajo que si las expande y causa destrozos con el tiempo. Entonces en el Manual tenemos los elementos para diseñar y como diseñar, porque si un arquitecto restaurará una casa en el Centro Histórico, sabe que materiales son aceptados en la arquitectura actual, que tipo de luminarias.

Este es un manual que vincula sociedad y gobierno y además del impreso, estamos viendo para que se pueda bajar en línea.

Finalmente, al preguntar a Romy Rojas, qué sigue para ella, porque hay capacidad, talento, empuje y juventud, nos dijo que se regresa a su empresa, como una Romy muy distinta a la de hace seis años, con mucha experiencia.

Estoy en una etapa de mi vida personal muy importante y maravillosa, en donde no se va a repetir la edad que tiene mi único hijo y en un momento de pandemia donde él necesita mucho de su madre, pero no me veo despegada para nada, de seguir siendo una ciudadana muy activa, muy participativa, sobre todo en el tema de desarrollo urbano. Me veo con mucha participación no sólo a nivel estado, sino a nivel nacional, aprovechando la plataforma que tuve desde la presidencia de la REDSEDUM porque además creo que es una obligación ciudadana seguir aprendiendo todos los días y compartir el conocimiento, con toda humildad. Es fácil criticar, pero el voto no cualquiera se lo gana. Me veo contribuyendo a mi patria con mucho amor.

Sabes —dijo Romy para finalizar— nunca aspiré a ser la Secretaria de Obras Públicas. Creo que las oportunidades llegan, que las cosas se conjuran y se presentan, es cuando tomas las oportunidades, mientras eso pasa hay que dar el cien desde la trinchera que te toque… así me veo a futuro, dando mi cien todo el tiempo, desde el luchar donde esté.

El tiempo se achicó, mientras la lectura nos lleva por este manual que son muchos manuales, un compendio para hacer las cosas bien que Romy Rojas deja como un legado a Querétaro.

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Ramiro Valencia
Vista hacia el norte del Paseo R°o Pueblito, Corregidora
Vista de la ciclov°a en el Paseo R°o Pueblito, Corregidora
Vista del acceso principal al Nuevo Mercado de El Tepetate
Vista desde la terraza del Hotel Tzibanza, Cadereyta
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El gobernador Francisco Domínguez
DCIM100MEDIADJI_0008.JPG Ramiro Valencia Vista hacia el norte del Paseo R°o Pueblito, Corregidora Vista de la ciclov°a en el Paseo R°o Pueblito, Corregidora Vista del acceso principal al Nuevo Mercado de El Tepetate Vista desde la terraza del Hotel Tzibanza, Cadereyta DCIM100MEDIADJI_0031.JPG DCIM/100MEDIA/DJI_3619.JPG El gobernador Francisco Domínguez

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